Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

Artículos "on line"

Tolkien, el terapeuta de los anillos


por Sergio Sinay (*)

" Todo lo que podemos hacer es decidir qué hacer con el tiempo que nos dieron"
(
Tolkien, el Señor de los Anillos)

 

Matías tiene 41 años. Es un hombre moreno, agradable, se expresa con facilidad y diría que también con sensibilidad. Vive sólo, es abogado, y ha intentado, habitualmente con buenos resultados, varios emprendimientos, no siempre vinculados a su profesión. Sólo siente una asignatura pendiente. Quiere crear una familia, ser padre, y estar acompañado en esa empresa por una mujer que comparta sus sueños, que sea cálida y que sepa valorarlo. En cambio, hace tres años que está en pareja con la hija de un empresario poderoso. Ella, arquitecta, es ocho años menor que él, por ahora no quiere formar una familia y prioriza su carrera profesional y los logros económicos. Es la niña mimada de su padre, quien materializa (literalmente) todas sus fantasías y deseos y, en una silenciosa competencia y demostración de fuerza, hace lo posible por enseñarle a Matías los trucos del poder económico. La pareja está en crisis. Ella (Karina) ve a Matías con poca garra para los negocios grandes, lo ve demasiado escrupuloso y teme que él nunca vaya a poder protegerla (lo dice abiertamente) como su padre. Matías se siente ajeno al mundo en el que vive desde hace tres años, percibe que jamás va a dar la talla que se exige entre esas personas, hay pasos del juego del poder que se le ofrecen y se le exigen y que él no está dispuesto a dar. Cuando se le pregunta cómo fue que incursionó tan adentro de ese territorio que, ahora lo comprueba, es contradictorio con sus valores, principios y anhelos, dice que fue porque le atrajo el poder. Se da cuenta, admite, que él creía amar a Karina, pero iba detrás de lo que ella representaba. Pensó que si se nutría de ese poder, se sentiría más seguro, en mejores condiciones de construir una familia fuerte y, en definitiva, más hombre. Hoy sabe que transcurre los últimos días de su pareja con Karina y lo hace en una ambigua atmósfera de alivio y tristeza.

Sandra es una mujer de cuarenta y tres años, de mirada entre tierna y asustadiza. Es historiadora, ama su profesión y se le nota, es respetada, querida y consultada en su ambiente, pero no ha logrado crecer lo suficiente en ese campo. Tiene información e hipótesis muy interesantes, pero no las da a conocer, no escribe, cree que lo suyo no vale mucho. Esa misma creencia afecta sus relaciones afectivas. Ha tenido varias parejas en las que siempre apareció en un lugar subordinado, desde el que veía a sus compañeros como superiores a ella y les dejaba la iniciativa. Hoy está en pareja con un antropólogo que quizá es menos sólido que ella en su profesión pero que sabe cómo exhibirse y comunicarse, al punto que ocupa todo los espacios estelares en la vida social e íntima de la pareja. Esta vez Sandra se siente asfixiada. Se da cuenta, dice, de que el miedo a ser rechazada trabó siempre su capacidad de realización y expresión, que se ha pasado la vida comprando amor a través de la sumisión y el bajo perfil y que, en definitiva, no lo ha abstenido, no como ella necesita. Ante esto, siente que ha llegado el momento de atravesar aquello que teme por que el costo de no hacerlo es más alto que el de lo que podría ocurrirle, si es que algo le ocurriera, al encarar su camino postergado.

Frodo Bolsón es un hombre bajo, de rasgos suaves, casi infantiles, que tanto puede ser un adolescente como un joven adulto. Pertenece a la especie (o raza, o genero) de los hobbits. Vive en un lugar que se llama La Comarca y ha recibido la misión de llevar un anillo hasta un lugar lejano para arrojarlo a un lago subterráneo, hecho de lava y fuego, para que el metal se funda y, con ello desaparezca la tentación por el poder que ese anillo genera y las penurias para el mundo que devienen de la lucha por él. El viaje de Frodo lo hará atravesar paisajes horrendos, tiempos oscuros y confrontaciones con seres que son la decantación de la ambición, del egoísmo, de destrucción, de la impiedad, de la oscuridad más negra del alma. Y también lo conectará con conmovedoras expresiones de la solidaridad, de la compasión, del coraje y de la sabiduría.

Somos todos hobbits

A Matías y a Sandra los conozco en persona, me han permitido entrar en la intimidad de sus historias y sentimientos, he podido acompañarlos y asistirlos. A Frodo lo conocí hace muchos años en los tres tomos de El señor de los anillos, la novela de J. R.R. Tolkien y lo reencontré, amorosamente respetado en su forma y en su esencia, en la(s) película(s) de Peter Jackson.

¿Qué tienen que ver Matías y Sandra con Frodo? Matías, Sandra y yo hemos descubierto que mucho. Ignoro qué opina Frodo porque desde que subió, con su tío Bilbo, con el maravilloso mago Gandalf y con los elfos a la nave blanca no he vuelto a saber de él.

Con Matías hablamos mucho del anillo del poder, de lo que es capaz de desatar, de cómo ese adminículo, tan pequeño, tan dorado, tan atractivo, se basta para traer a la superficie la sombra, las zonas más oscuras, más ocultas y tan reales de quienes acceden a él. Ese anillo contiene un afrodisíaco letal, capaz de intoxicar y desviar el más legítimo de los deseos. Por ejemplo, el deseo de Matías de sentirse un hombre fuerte, íntegro, generador de una familia. No hay, que yo vea, nada objetable en el deseo de seguridad, de integridad y de fecundidad. Sin embargo el camino que Matías eligió para llegar a ese destino lo había convertido en un hombre inseguro, que se sentía desvalorizado por la mujer que estaba a su lado y por la gente de un mundo que le era ajeno y despreciaba sus valores. Y, además, mientras más tiempo permanecía en ese mundo esperando el milagro del reconocimiento y la valoración, más estéril era su vida y más se alejaba de su sueño de crear una familia. Era, sí, testigo cercano de luchas siniestras, sin piedad y sin escrúpulos, entre quienes, dentro de ese territorio, quieren el anillo del poder a cualquier costo. Fausto, allí, encontraría una irresistible feria americana de almas.

Con Sandra revisamos el segundo tomo de la novela de Tolkien y la segunda película de la trilogía de Jackson, allí donde se concentran la más profundas reflexiones y las más terribles peripecias de la travesía. Hablamos de lo que significa, en la aventura existencial, atravesar la Tierra Media, los Tiempos Oscuros. Vinculada con seres que no la valoran (además de su pareja, su hermano, su madre) y que la apabullan con críticas y consejos que la agobian en lugar de ayudarla, Sandra ha comenzado a avizorar un horizonte, y sabe que deberá tomar y sostener algunas decisiones claves para llegar a él. Hoy está dispuesta y está tomando las previsiones y afinando los instrumentos necesarios para ello. Durante muchos años de su vida creyó que se podía crecer y alcanzar los objetivos vitales sin arriesgar y sin moverse de los lugares conocidos y "seguros". Hoy asume que deberá atravesar la Tierra Media y que habrá Tiempos Oscuros (quizá no tanto como los que ya vivió).

Los temas de la vida

Matías conocía El Señor de los Anillos. Sandra no, pero devoró las películas y los libros a partir de que hablamos de ellos. Como clásico que es y en su condición de obra maestra, el trabajo de Tolkien ofrece un viaje por los espacios más vastos y luminosos y por los más ocultos y abismales del alma humana. Así asoma como una hoja de ruta a la cual regresar cuando la historia contemporánea, la de los días que vivimos, se torna inquietante e incierta. Y también cuando algunos episodios del mundo interior, propio o el de otros, se muestra desconcertante y en desasosiego.

Hablar sobre El Señor de los Anillos, contársela a alguien, recordar juntos episodios y personajes, leer o releer, también juntos, párrafos o diálogos y reflexionar sobre ellos puede ser una poderosa herramienta terapéutica. ¿Quién mejor que el Gollum (ese ser que despierta aversión y piedad, rechazo y comprensión) como encarnación de la dimensión trágica que pueden alcanzar los desacuerdos entre aspectos interiores de nosotros mismos cuando no son escuchados y resueltos a través de un proceso de integración? ¿Y que tramo puede permitirnos comprender mejor el concepto de responsabilidad y su funcionamiento en nuestras decisiones y en nuestros vínculos que aquel en el cual el sabio Gandalf le dice a Frodo: "Todo lo que podemos decidir es qué haremos con el tiempo que nos dieron"? La simple lectura de estos párrafos, o la visión de esas escenas en las películas me han permitido, con algunas personas, compartir profundos, bellos y conmovedores trabajos de introspección y transformación.

El poder, el amor, el Bien, el Mal, la responsabilidad, la transformación, la memoria, la piedad, el perdón, la construcción de un sentido para la propia vida, la función paterna, la ruptura del estereotipo femenino tradicional, son algunos de los temas que esta maravillosa aventura propone a través de una experiencia mitopoética maravillosa y conmovedora. Es decir, una detallada e impresionante hoja de ruta sobre los puntos que nos esperan en el camino de la vida. ¿Cómo no tomarla como una preciosa herramienta para trabajar en los grandes temas de la existencia, esos que compartimos con el otro, cada día, en la ceremonia del encuentro terapéutico?

(*) Especialista en vínculos, autor de Vivir de a dos o el arte de armonizar las diferencias, Misterios masculinos que las mujeres no comprenden y Las condiciones del Buen Amor, entre otras.

Volver a indice de articulos en linea