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Reflexiones sobre la película "El Regreso"
Sobre la Presencia del Padre y la Transformación de los Hijos

por Sergio Sinay

Se puede sintetizar la trama de la película rusa El regreso en un par de párrafos. En la casa donde vive una mujer con sus dos hijos varones de 12 y 15 años, reaparece de pronto el padre, ausente desde hace doce años. Duerme la siesta, cena con su esposa y sus hijos y, al día siguiente, parte con los chicos en un viaje cuyo destino sólo él conoce y en el que vivirán experiencias transformadoras y trágicas o trágicas y transformadoras. No hay más.

¿De dónde regresa el padre? ¿Por qué se fue? ¿Qué es lo busca en el viaje al que lleva a sus hijos? ¿Qué hay en la caja que desentierra de una casa en ruinas y que luego, sin que sus hijos lo sepan, esconde en el bote con el que cumplen el tramo final de la travesía? La película no responde explícitamente a estos interrogantes. Tampoco lo ha hecho Andréi Zvyagintsev, el director de esta opera prima, en ninguna entrevista. Ese minimalismo ha dado lugar a numerosas interpretaciones sobre El regreso. Hay quienes vieron en el film una parábola política sobre el autoritarismo; para otros se trata de una metáfora religiosa y encuentran en la figura del padre, y en la primera y la última imágenes que lo muestran, una semblanza de Jesús; no faltaron quienes hicieron comentarios morales acerca de la responsabilidad o irresponsabilidad de quien así como desaparece aparece y no da explicaciones. Y, por fin, hay una mirada, en la que me incluyo, que ve en El regreso una reflexión sobre el lugar y la función del padre. De hecho es así como se nombra al personaje a lo largo de todo el film: "padre", "tu padre", "papá". Su rol es su nombre.

Los dos cordones

En mi opinión, El regreso refleja de un modo dramático y contundente algo sobre lo que nunca se insistirá demasiado y sobre lo cual a veces se pasa con preocupante ligereza: ni la presencia ni la ausencia del padre son cuestiones contingentes o subsidiarias en la vida de los hijos. Es preciso repetirlo en una cultura en la cual prevalece (como recuerda Elisabeth Roudinesco en La familia en desorden) un viejo adagio de Auguste Comte:

"Los hijos son, en todos los aspectos, e incluso físicamente, mucho más hijos de la madre que del padre". Así, muchas veces, se acaba por tomar la ausencia, física o emocional, voluntaria o involuntaria, del padre como algo casi previsible y subsanable, mientras se tiñe de tonos trágicos la eventual ausencia materna.

La película nos muestra en un comienzo a dos muchachitos aún aniñados, amorosamente confortados por una madre solícita ante sus temores frente a los riesgos del crecimiento y de la exploración de experiencias vitales. Mientras están con ella no son impulsados hacia el mundo, sino protegidos de él y de sus inclemencias. Esto es parte de la función materna, sin duda, pero cuando no está compensada por la función paterna de guiar hacia el mundo externo, de acompañar las experiencias de iniciación, de orientar desde la costa, como un faro, sin evitar la vivencia instrumentadora de la tormenta, aquella función no ayuda a crecer. Hay un cordón umbilical, físico, que corta la obstetra y hay un cordón umbilical emocional que sólo puede ayudar a cortar (amorosamente) el padre. Si esto no se hace a cierta edad, precisamente en la adolescencia, puede convertir en tóxico lo que era nutricio.

El final del film entrega a esos mismos chicos convertidos, como resultado de una transición dramática, conmovedora y trágica, en dos varones que, en el umbral de la hombría, han adquirido recursos para atravesar el mundo, moverse en espacios lejanos y ajenos y, desde allí, regresar a casa transformados. Cabe aquí la pregunta: ¿de qué regreso habla el título del film? ¿Del regreso del padre, del de los hijos, que vuelven de una experiencia en la que han tenido un contacto pleno y duro con el padre anhelado, temido y también odiado, después del cual ya no serán niños? ¿O habla, en fin, del regreso del padre a ese lugar inasible y difuso en el que ha sido buscado y perdido?

Entre ese comienzo y ese final el padre ocupará su lugar de manera excluyente. Será inflexible, omnipresente, exigente. También, a su manera, será instrumentador. En medio de una tormenta aprobará el modo en que su hijo mayor conduce el auto para sacarlo de un barrial, y con ello dará al chico una herramienta esencial, como luego se verá.. Cuando un ladronzuelo le robe la billetera a uno de sus hijos tras amenazarlo, él mismo irá en busca del ladrón, lo traerá ante el hijo y le dejará a éste la responsabilidad: "Te robó a vos, decidí que harás". Y respeta la decisión del hijo de no vengarse. Antes, en un restaurante, de habrá retirado de la mesa tras dejar su billetera en manos de uno de sus hijos diciéndole: "Pagá vos". Al lado de ese padre de pocas palabras y casi ningún gesto amoroso, los chicos aprenderán, a través de la experiencia pura y física, nociones esenciales de supervivencia.

Mucho de esto se cumplirá a través de acciones bruscas, autoritarias. Aunque, entre sus pocas frases, ese padre dejará esta: "Volví porque quería estar con ustedes". ¿De dónde volvió? ¿De una ausencia que él decidió? ¿Fue la madre la que, ante la imposibilidad de la convivencia le pidió que se fuera? ¿Estuvo en la cárcel? ¿Es, como creen los hijos, un marino o un aviador? No lo sabremos, no lo sabrán sus hijos ¿Basta esa ignorancia y la crudeza de su estilo para cuestionar la transformación que ese par de días provoca en los hijos?

El hambre de padre

A lo largo del contacto entre el padre y los hijos, una de ellos, el mayor, irá demostrando su admiración creciente y silenciosa, expresada en gestos y miradas, por ese hombre que es su padre. Reaccion ará como una planta sedienta ante las primeras gotas del agua tan necesaria. El otro mostrará su rabia, bajo la forma de rechazo y planteos, ante ese desconocido que lo hirió con su ausencia, cuando él tanto precisaba tenerlo para crecer. "Si no fueras así, te querría", clama entre gritos y llantos. Una dolorosa confesión de amor, un testimonio desgarrador de ese síndrome que hiere el alma y la psiquis de tantos hombres y tantos niños: el hambre de padre.

He escuchado comentarios airados acerca del autoritarismo de este padre o cuestionamientos a su derecho a presentarse ante sus hijos luego de haberse ausentado. Esa aproximación moralizante refuerza, en mi opinión, la desvalorización que predomina en nuestra cultura sobre el rol y la función paterna. Castiga la ausencia, sin preguntarse por las razones, y pasa por alto las consecuencias transformadoras de la presencia. Prefiero pensar al padre de este film como a un hombre que hace lo que sabe, lo que hicieron con él, que intenta reparar como puede aquello que no le enseñaron a proveer (me refiero no sólo a la presencia física, sino al alimento emocional) y que por ser un analfabeto emocional, como tantos hombres de cualquier edad y nivel cultural y social, termina pagando el precio más alto, su vida, como legado del pasaje fugaz y transformador por la existencia de sus hijos.

Por supuesto esta es apenas una interpretación, la mía. Agradezco que el director no haya entregado una lectura cerrada y predigerida de su película, porque eso nos permite a todos, y de manera urgente y necesaria a los varones, reflexionar sobre el lugar del padre, sobre su regreso a un espacio vacío que sólo él puede ocupar y que, como hombres, debemos aprender y enseñar a transitar de una manera nutricia y constante antes que dolorosa o trágica.

El poeta Robert Bly dice que sólo una madre puede convertir a un embrión en niño y que sólo un padre puede convertir a un niño en hombre. El regreso ilustra esa hipótesis. Es tarea de los varones (en nuestra vida personal, familiar, profesional y social) encontrar modos de dar significado y vigencia a esa expresión con actos de presencia a los que nos autoriza nuestra condición, antes que perpetuar ausencias, físicas o emocionales, sombrías.

PD: En mi opinión la misteriosa caja que los hijos portan sin saberlo y que queda con ellos, no es tan misteriosa. Contiene, creo, la herencia que el padre, que sólo él, puede dejar a sus hijos. Acaso, ignorándolo él mismo, ese fue el motivo real de su regreso.

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