Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

Artículos "on line"

Dos tigres aprenden a pelear
Elaboración de la simetría en una pareja a través del trance

Por Teresa Robles de Fabre (1)

Se expone el caso de una pareja simétrica tratada a través de técnicas de hipnosis ericksoniana. Se presentan los principios y fundamentos teóricos de este tipo de hipnosis, así como la descripción de las técnicas utilizadas: trabajo con metáforas y ensayos (rehearsal), antes de pasar a la exposición del caso. El artículo termina comentando brevemente el proceso.

"Durante siglos estuvieron a la mano trozos de vidrio multicolor, espejos y tubos. Para algunas personas eran solamente trozos de vidrio y espejo. Para otros, eran los ingredientes para transformar un mundo de color y formas en fantasías y nuevas visiones... el kaleidoscopio".

Joyce C. Mills y Richard J. Crowley

Cuando se habla de hipnosis generalmente se piensa en pérdida de la conciencia, en una persona que controla y da órdenes a otra que irremisiblemente la obedece. Se piensa también en algo que opera mágicamente y que puede llevar a desaparecer síntomas y conductas que no ceden a la voluntad.

Si bien es cierto que en un estado de trance profundo se pierde la conciencia (la persona se duerme), no es verdad que el hipnotizador tenga absolutamente el control de la persona hipnotizada. Freud dejó de utilizar la hipnosis como método terapéutico porque algunas veces sus pacientes se negaban a recordar lo que él les ordenaba recordar.

Podemos definir la hipnosis como un método para inducir un estado, el trance, en que las facultades mentales críticas están temporal y parcialmente suspendidas y la persona utiliza principalmente su imaginación y el proceso primario. Se trata de inducir un ensueño dirigido, de facilitar a la otra persona estar en contacto con su propio interior.

El trance es un estado natural al que accedemos espontáneamente. Un trance ligero es un ensueño dirigido; el sueño es un trance profundo.

Antes, en la hipnosis clásica, el énfasis estaba en la sugestión directa. Ahora, en la "nueva hipnosis", como la llama Daniel Aráoz, o en la hipnosis ericksoniana, el énfasis se pone en el manejo de la fantasía.

Esta nueva hipnosis tiene sus antecedentes en los años 30’en Francia, con los desarrollos de la Escuela de Nancy, que se separa de las líneas de trabajo de La Salpetrière y propone:

1. El cambio no se produce por el deseo ni la voluntad sino por la imaginación.

2. Las heterosugestiones sólo operan cuando encuentran un eco interno en la persona que recibe la sugestión y pueden así ser autosugestiones.

3. La autosugestión opera a un nivel no consciente.

Milton Erickson, psiquiatra americano, con base en estas mismas ideas, instrumentó y desarrolló técnicas hipnóticas en forma casi milagrosa. Hoy en día, sus discípulos continúan descifrando y poniendo en palabras lo que él hacía.

Como ya señaló anteriormente, la base de las técnicas hipnóticas son la imaginación y la sugestión. En cuanto a la sugestión, se utilizan las mismas palabras del paciente y términos ambiguos a fin de que en cada persona cobren su propio sentido de acuerdo a su problemática individual, a sus deseos, a sus necesidades; o se utilizan metáforas a las que cada persona puede dar su propio contenido.

El trabajo con este tipo de hipnosis consiste en propiciar un ensueño dirigido a través del cual se puede explorar material reprimido sin analizar las defensas, entrar en contacto con fantasías inconscientes (vínculos y objetos internos) para modificarlas y desencadenar procesos. Se construye así una nueva "realidad" interna que produce cambios "reales" en la persona.

Las técnicas hipnóticas han tenido una difusión cada vez mayor sobre todo en los Estados Unidos, desgraciadamente algunas veces como técnicas aisladas de un cuerpo teórico sólido. Sin embargo, considero que su fundamentación teórica puede encontrarse en el concepto de Inconsciente desarrollado en la Teoría Psicoanalítica, los estudios realizados sobre las diferencias del funcionamiento de los hemisferios cerebrales y el Constructivismo, epistemología desarrollada por los doctores Von Foerster, Von Glasersfeld, Watzlawick y Varela, entre otros.

El Psicoanálisis nos habla del Inconsciente como aquella entidad constituida por energía psíquica, que contiene las huellas mnémicas de todo lo vivido (recuerdos que son imágenes y afectos); que está integrado por objetos internos, fantasías inconscientes, que son producto de la interacción con el afuera, donde se dan continuamente procesos de reestructuración, muchos de los cuales están orientados a "proteger" a la persona de revivir experiencias dolorosas. En este tipo de hipnosis, como en la Teoría Psicoanalítica, se considera que el síntoma tiene "un propósito valioso", es el compromiso entre la pulsión y la defensa y por lo tanto se lo respeta. Es decir, para esta Nueva Hipnosis el Inconsciente no es sólo bote de la basura donde está reprimido lo feo, lo malo, lo doloroso, sino que fundamentalmente es energía, recursos, capacidades, protección, contiene lindos recuerdos que son útiles.

Durante el proceso hipnótico, apelamos a la fuerza de la mente inconsciente, utilizamos las huellas de los recuerdos placenteros; dando por hecho que siempre los hay, se modifican los objetos internos, las fantasías inconscientes; se desencadenan y se reorientan procesos.

Todo esto, siguiendo el camino del inconsciente, que es el principio del placer. Y así, el tratamiento terapéutico con este tipo de hipnosis no es un camino fundamentalmente árido y doloroso sino que tiende a ser fluido y placentero.

Y de acuerdo a las investigaciones realizadas sobre la diferencia de funcionamiento de los hemisferios cerebrales, el camino del Inconsciente es el del hemisferio derecho.

Paul Watzlawick señala cómo las funciones de este hemisferio: simbolización, condensación, lenguaje analógico, visión de totalidad, de síntesis, representación del todo por las partes, registro y percepción de sensaciones y de afectos, coinciden con las que el Psicoanálisis atribuye al Inconsciente, mientras que el hemisferio izquierdo tiene a su cargo el razonamiento lógico, el lenguaje verbal y el matemático, y la función del análisis que corresponderían al pensamiento consciente.

Nuestra cultura tiende a sobrevalorar las funciones del hemisferio izquierdo, el hemisferio de la lógica y la razón, y a devaluar las del derecho, el hemisferio de la sensibilidad, la imaginación y la sensación. En hipnosis actuamos al revés. Trabajamos con el derecho, buscando desarrollar sus potencialidades y bloquear parcialmente el izquierdo.

Por último, la epistemología constructivista propone que sea cual fuere la REALIDAD, nosotros nunca podemos conocerla tal cual es. A través de nuestros sentidos y de la interacción con ella construimos nuestro mundo, casi siempre sin darnos cuenta. El constructivismo radical incluso afirma que la REALIDAD no existe sino que la construimos. Construimos nuestra realidad interna. Y es esta realidad interna la que determina nuestras conductas, nuestros afectos, nuestra actitud frente al mundo. Por lo tanto, si cambiamos nuestra realidad interna cambiarán nuestras conductas, nuestros afectos, y eso es lo que hacemos a través de la hipnosis.

La hipnosis es una herramienta muy poderosa ya que opera con los recursos del hemisferio derecho, que en nuestra cultura generalmente están subutilizados; constituye una interesante alternativa técnica cuando otras alternativas han mostrado ser ineficientes y es especialmente valiosa cuando los patrones recursivos a través de los cuales opera la tendencia al no cambio son fundamentalmente verbales y lógicos, es decir, corresponden al funcionamiento del hemisferio izquierdo.

Las técnicas hipnóticas, como cualquier tipo de técnicas, tienen que ubicarse dentro de un contexto terapéutico, en este caso de terapia familiar sistémica, que las encuadra y les da significado.

A continuación ejemplifico a través de un estudio de caso un estilo de trabajo con técnicas hipnóticas. Presento en primer lugar sus antecedentes, y enseguida una breve descripción de las técnicas utilizadas, antes de pasar a describir el proceso terapéutico y finalmente comentarlo.

ANTECEDENTES

Pablo y Elena constituyen una de esas parejas jóvenes mexicanas, de clase media, en donde tanto el hombre como la mujer quieren construir una relación diferente a la de sus padres. Rechazan los papeles tradicionales. El quiere asumir y compartir las responsabilidades domésticas y ella las económicas. Rechazan la relación complementaria rígida en que se daba la sumisión de sus madres y la dominación de sus padres. Proponen una igualdad hombre-mujer y establecen una relación simétrica. Sin embargo, no han aprendido a funcionar así, no tienen un modelo que seguir. El resultado es a menudo dolorosos fracasos, porque en la búsqueda de la igualdad establecen escaladas simétricas que los llevan a la ruptura y a continuar la escalada apenas se vuelven a encontrar.

El, economista, tiene 29 años; y un pasado lleno de enfermedades: problemas cardíacos, infecciones renales frecuentes, varias operaciones y fracturas óseas, y ahora cáncer, que empieza a tratar con quimioterapia.

Ella, psicóloga, tiene 27 años y una epilepsia controlada con medicamentos. Están casados desde hace un año.

Acuden a terapia buscando apoyo por la angustia que les causa la aparición del cáncer. Además, quieren aprender a manejarse mejor f rente a la familia de Pablo, que "los invade" queriéndolos ayudar. El padre, médico, paga la quimioterapia, está presente en todas las consultas, discute y pelea con los miembros del equipo que trata a Pablo e interfiere con el tratamiento. Se instala en su casa para cuidarlo y vigilarlo.

Desde la primera sesión, fue patente la gran simetría que existía entre ellos, racionalizada y sustentada por el discurso de igualdad. Sin embargo, hasta este momento, esta simetría ha sido desviada al enfrentamiento con elementos externos: las familias de origen de ambos, las enfermedades y, ahora, el padre de Pablo.

Como pareja que se iniciaba, sus conflictos más aparentes eran: a) construir límites alrededor de su pareja, lo cual era más difícil en ese momento en que necesitaban ayuda económica para el tratamiento de Pablo, y b) establecer patrones de interacción entre ellos, integrando dos estilos y dos visiones del mundo diferentes.

Elena se calificaba de desordenada y rebelde a la autoridad; decía vivir la petición de más orden de parte de Pablo como agresión. Miraba a Pablo como excesivamente dependiente, autoritario y violento.

Pablo se consideraba ordenado y vivía el desorden de Elena como una agresión, una falta de respeto hacia él. Miraba a Elena como desordenada y rebelde, con cambios bruscos y frecuentes en su estado de ánimo.

En un primer momento la terapia se orientó a apoyarlos mientras Pablo recibía su tratamiento y a ayudarlos a poner límites al padre de Pablo. Cuando la quimioterapia terminó y comenzaron a vivir una situación de normalidad, aumentó la frecuencia de las escaladas con cualquier motivo: ella lo tachaba de macho y dependiente cuando él le pedía que le sirviera una taza de café; él la llamaba desordenada con cualquier pretexto, y cada día pasaban más días sin dirigirse la palabra. Las escaladas disminuían solamente en vísperas de los chequeos periódicos de Pablo o cuando Elena "olvidaba" tomar sus medicamentos y sufría un ataque epiléptico. En esos momentos ellos decían quererse, querer disfrutar la vida juntos, y construir una pareja diferente.

Utilicé diferentes técnicas estructurales y paradojales sin éxito, después de lo cual les propuse trabajar "en otro nivel", sin palabras, para evitar que continuaran agrediéndose verbalmente. Fue así como iniciamos el proceso terapéutico que presento a continuación.

LAS TÉCNICAS UTILIZADAS

Trabajamos fundamentalmente con dos tipos de técnicas: la representación de su relación en metáforas y en ensayo (Rehearsal).

La metáfora es una representación simbólica de una situación y como tal es sintética, totalizadora, condensa diferentes elementos, y se ubica en el hemisferio derecho del cerebro, que, por ser el hemisferio del inconsciente, es también el hemisferio en que se ubican los síntomas.

Una comunicación metafórica es una comunicación directa con el hemisferio derecho en su lenguaje, de ahí su fuerza.

La metáfora tiene dos niveles y dos significados: uno, superficial, aparente, conformado por la verbalización de la metáfora, que activa al segundo, más profundo, casi siempre inconsciente, que es relevante y significativo para cada persona que la escucha o la vive. Cuando una persona genera una metáfora, ésta expresa la dinámica de este nivel, su realidad interna, y los cambios que se den en la metáfora se darán simultáneamente en ese nivel inconsciente profundo, en esa realidad interna y, por lo tanto, determinarán cambios en los afectos y en las conductas de esa persona.

Aun cuando hay metáforas que puede proponer el terapeuta, como es el caso de los cuentos didácticos narrados por Milton Erickson, yo prefiero las metáforas creadas por el propio paciente y sugerir desde afuera la iniciación de procesos que se generen desde el interior de cada persona.

La idea de trabajar con la representación simbólica de un vínculo surgió al conocer el trabajo que realiza Peggy Papp con grupos de parejas, que denomina "coreografía de parejas" y que describen en la siguiente forma:

"... se pide a las parejas que cierren los ojos y que tengan un sueño o fantasía en el que visualicen a su pareja representada simbólicamente. Después se les pide que representen la forma que tendrían ellos que tomar en relación con su pareja, para así asegurar que la fantasía sea sistémica. Enseguida, se les pide que imaginen qué movimiento o danza tendrían que tener estas dos formas, de acuerdo al problema que ellos han descrito".

A continuación se procede a dramatizar estas fantasías frente al grupo.

La forma en que yo trabajo consiste en invitar a las parejas a representar cada uno la problemática de su relación en una metáfora, ubicada en un escenario. A continuación trabajamos con las metáforas creadas por los dos. En cada una, les propongo que se mantengan como observadores y sugiero que SE ESTÁ GENERANDO LA SOLUCIÓN DEL CONFLICTO.

Sesión tras sesión, retomamos las metáforas sugiriendo así que siguen un proceso. Inicio la sesión y la inducción del trance con una sugestión indirecta (por ejemplo: "¿saben ustedes cómo se curan los tigres?") lo cual implica que ellos vivirán en el trance esa curación, y dejo correr la fantasía. Antes de terminar el trance, realizo sugestiones poshipnóticas que son instrucciones de proceso, del tipo de la Bendición elaborada por Bandler y Grinder, en que sugieren que el proceso que se ha iniciado continuará esa noche y todas las noches que sean necesarias, mientras los pacientes duermen, utilizando los mecanismos con que se constituyen los sueños, de tal manera que ellos se asombrarán al descubrirse actuando y sintiendo en una forma nueva y diferente.

Después les pido que narren su fantasía. Esto es importante para conocer el desarrollo del proceso y para que ellos compartan sus vivencias. No interpreto ni hago señalamientos, a no ser que éstos sean en el lenguaje y el contexto de la metáfora, para mantenernos trabajando con el hemisferio derecho y evitar la intromisión del izquierdo. En este caso, nunca se dijo que Pablo y Elena eran los tigres o las flores aunque ellos lo sabían. Tuvieron insights importantes aunque no los expresaran verbalmente.

El foco de las sesiones es el material de la metáfora. Si se tratan otros temas es solamente "en espera" de que se den los cambios que, a nivel metafórico, se tienen que dar, por ejemplo, mientras los tigres duermen, y las plantas cicatrizan.

La utilización de metáforas puede complementarse con otro tipo de técnicas hipnóticas, como es el Ensayo que presento a continuación.

EL ENSAYO

Es una técnica muy sencilla mediante la cual se logra que la persona se autosugiera analógicamente lo que ella se quiera sugerir. Consiste en pedir a cada uno de los miembros de la pareja que construyan una escena en donde estén "sintiéndose como se quieren sentir, viviendo como quieren vivir, actuando como quieren actuar" y que la vivan con todos los detalles. Al crear esta fantasía están creando ya una nueva realidad interna. Además, la descripción de la fantasía puede utilizarse como diagnóstico.

EL PROCESO

Se realizaron ocho sesiones, con intervalos de una semana.

En la primera, sesión les propuse construir cada uno una metáfora. Elena visualizó una planta, como lirio, con un tallo y dos flores, volteadas una para cada lado... La raíz y el tallo no les permitían ser diferentes.

Cuando les pedí que visualizaran una solución a esa situación, tanto Pablo como Elena, se vieron a ellos mismos dividiendo el tallo y la raíz en dos y sembrando las dos plantas separadas, pero una cerca de la otra. Les propuse que diéramos tiempo para que las plantas se adaptaran a la nueva tierra y pasamos a trabajar la metáfora de Pablo.

Pablo vio, al mismo tiempo que sentía una profunda tristeza, dos tigres heridos que se tenían respeto y miedo. Dijo: " están muy mal, con las heridas abiertas y sangrantes... se tienen que desquitar con alguien... podrían unirse porque la selva es muy dura y ahí es difícil encontrar una pareja... fueron cachorritos enfermizos, débiles y maltratados..."

Elena entró en la escena y observó cómo los cachorritos peleaban y se arañaban, sin saber estar juntos, y descubrió que los arañazos los hacían olvidar momentáneamente sus heridas. Al verlos crecer tan lastimados, Elena lloró.

Les pedí que se acercaran a ellos y observaran sus heridas para darse cuenta de cómo podrían sanar. Elena se acercó y uno de los tigres le permitió que le pusiera alcohol. Pablo no logró acercarse a los tigres; a distancia observó que las heridas eran profundas. Al salir del trance, los dos reconocieron sus heridas y lloraron por ellas.

En la segunda sesión, les pedí primero regresar al escenario de las flores para observar cómo estaban. Ambos las encontraron decaídas, pero la herida del tallo comenzaba a cicatrizar. A continuación les pregunté: ¿saben ustedes cómo se curan los tigres cuando están heridos? Y a partir de ahí reiniciamos el trabajo en estado de trance.

Pablo vio al tigre tirado sin hacer nada, junto a un río. Un poco después, el tigre entró al agua, que Pablo sintió riquísima; después salió a la orilla, se echó al sol, descansó un rato y se secó; caminó hasta la arboleda y ahí se quedó bien dormido, medio triste y con mucha sed.

Elena comentó que al principio el tigre le daba miedo y ella se escondía en la maleza. "Caminaba majestuoso aunque nadie lo veía y no cojeaba; yo sabía que estaba herido. Lo ví cómo dudaba de entrar al agua fría, le dolía la herida profunda bajo el brazo. Primero le dolía horrible en el agua, después le gustó. Cuando acabó de bañarse se fue a recostar en unas hierbas, comió y durmió". Una vez dormido el tigre, Elena se animó a acercarse para verlo dormir feliz -¡tan indefenso!- tan diferente de lo que parecía ser... y la herida cerraba...

Sugería que estas historias continuaran a través de sus sueños y que la próxima vez podríamos ver cuánto habían cicatrizado las heridas de los tigres y de las plantas.

Durante la semana que transcurrió entre esta sesión y la siguiente, Elena accedió hacerse una tomografía que el neurólogo le había pedido desde hacía varios meses.

Llegaron a la tercera sesión comentando que estaban más tranquilos, un poco más alejados y que tal vez por eso habían disminuido los pleitos. Nos asomamos a ver cómo iban las flores y, como estaban un poco más repuestas, pasamos a ver a los tigres, que continuaban dormidos. Sugerí que los dejáramos dormir el tiempo que fuera necesario para que la cicatrización siguiera su proceso natural. Por iniciativa de ellos, dedicamos el resto de la sesión a establecer acuerdos sobre la distribución de las labores domésticas. Fue la primera ocasión que pudieron hacerlo.

La siguiente vez, cuarta sesión, llegaron preocupados por lo que ellos llamaban su exigencia y perfeccionismo. Les afectaba mucho encontrar una falla en sí mismos o en el otro, no podían aceptar los malos momentos. Se sentían tristes pero tranquilos. Entramos en la selva y, mientras los tigres seguían dormidos, les pedí que caminaran y descubrieran las cosas lindas y las feas que había en ese lugar, las que nutrían y las que hacían daño, es decir, que integraran metafóricamente la totalidad selva-mundo con sus aspectos positivos y negativos. También esta vez, realicé una sugestión poshipnótica de continuar este proceso de exploración y descubrimiento a través de los sueños.

Durante la quinta sesión, cada uno recuperó cosas lindas que el otro le había dado. Elena comentó que Pablo le había ayudado a mejorar la relación caótica que antes tenía con sus padres. Pablo recordó cómo Elena lo había impulsado a seguir estudiando.

En esta ocasión utilicé la técnica del Ensayo. Les pedí que construyeran una escena en donde estuvieran sintiéndose como ellos querían estar. Los dos construyeron escenas en que estaban solos. Repetimos el ejercicio con diferentes escenas y en las últimas, ambos llegaron a ubicarse en el mismo espacio físico que el otro pero separados, realizando actividades diferentes: leyendo cada uno su libro en la sala, viajando en auto los dos en la carretera, "cada uno metido en sus propias cosas".

Así pude darme cuenta de que aún no era el momento de que empezaran a aprender otra forma de interactuar. Las flores eran ya dos plantas independientes y se empezaban a recuperar. Los tigres seguían dormidos.

En la sexta sesión, primero pusimos abono a las plantas, para darles aún más fuerza, y después pasamos a la selva. Los tigres estaban ya despiertos, paseando cada uno de un lado del río, observándose en silencio, con miedo a interactuar.

Elena comentó cómo observaba a Pablo, sus gestos, tratando de adivinar si estaba molesto con ella por alguna razón y temía que por ello empezara a gritarle en cualquier momento. Confesó asustarse mucho cuando Pablo se enojaba, lo sentía como loco y tenía miedo de que llegara a golpearla. Por este temor, Elena había estado callando todas las cosas que le molestaban. Pablo también había estado observando a Elena, temeroso de que si comunicaba sus molestias ella pudiera alejarse o tener un ataque de furia. Además, Elena olvidó tomar sus medicamentos en varias ocasiones y sufrió un ataque de epilepsia.

Terminé la sesión preguntándoles si sabían cómo los tigres aprenden a pelear y a estar bien y sugerí que tal vez lo aprenderían mientras soñaban.

A la semana siguiente, séptima sesión, les sugerí que observaran lo que pasaba cuando uno de los tigres atravesaba el río y se acercaba al otro, y que aprendieran de ellos.

Elena observó varios intentos de uno de los tigres por atravesar y cómo regresaba cuando el otro le gruñía porque no quería que entrara a su territorio. Finalmente se atrevió a pasar. El otro lo observó y le gruñó aún más. Cuando el tigre recién llegado trató de comer un trozo de carne que estaba ahí, el otro lo agredió con un zarpazo, y el agredido reaccionó tirándose al suelo como indefenso, en actitud de sometimiento; entonces el otro ya no lo agredió, comió su carne y le dejó algo al recién llegado. Después de esto, caminaron por la selva y cazaron juntos.

Para Pablo el desenlace fue similar, caminaron juntos por el río buscando un nuevo territorio, los peligros que encontraron por el camino los unieron..., era como si en la selva fuera preferible estar unidos que separados. Hubo algunos roces al buscar cada uno un espacio para dormir y al repartirse la comida. Se dieron unos cuantos zarpazos y alguna vez cedía uno y alguna vez el otro. Realmente no se lastimaban, se reconocían como compañeros, empezaba a acostumbrarse a estar juntos. Por momentos, uno de ellos se alejaba un rato, tranquilo de que si necesitaba ayuda, el otro andaba por ahí. A continuación hice con Elena un ensayo en donde ella le gritaba a Pablo, sin temor a su reacción.

Llegaron a la octava sesión contando que Elena le había gritado a Pablo en varias ocasiones; éste, en vez de enojarse, se reía de cómo Elena se asustaba sola de oírse gritar. Pablo grita mucho menos ahora. Elena comenta que quisiera una relación de pareja con menos gritos; sin embargo, no se han lastimado. Les digo que cuando uno tiene la seguridad de ser querido por el otro, se puede pelear con la tranquilidad de que después del pleito los dos se seguirán queriendo.

Antes de terminar la sesión, miraron las flores y estaban bien; observaron a los tigres y seguían tranquilos, bien, como compañeros.

Decidimos que era el momento de terminar la terapia porque los lirios eran ya dos plantas fuertes e independientes y los tigres habían aprendido a convivir y a pelear. Sugerí que los procesos que se habían iniciado continuarían durante toda la vida, durante el día y durante la noche, especialmente mientras durmieran y al soñar.

 

COMENTARIOS FINALES

Partiendo de la imposibilidad de analizar racionalmente y describir con palabras todo lo que sucedió en este proceso, sólo comentaré los puntos que considero relevantes. Cada lector encontrará significados y riquezas diferentes.

La función del síntoma apareció desde la primera sesión: "los arañazos les hacían olvidar momentáneamente sus heridas". Por lo tanto, para que pudieran dejar de arañarse era necesario que primero se curaran esas heridas.

A lo largo de la terapia se construyeron dos realidades diferentes que ahora determinan sus afectos y su interacción en una forma distinta. Antes, estaban fundidos en una sola planta, ahora son dos plantas separadas, diferentes y cercanas. Antes eran dos tigres heridos que se atacaban para olvidar su dolor y que no sabían convivir; ahora son dos tigres sanos, que pueden ser compañeros, apoyarse, cuidarse y colaborar.

También se desarrollaron en ellos importantes procesos:

a) a través de las flores, el proceso de separación e individuación;

b) a través de los tigres, la cicatrización de sus heridas;

c) el paseo por la selva los llevó a aceptar las limitaciones propias y ajenas, a integrar los elementos positivos y negativos de toda realidad, que correspondería al proceso de integración de los objetos totales desde el psicoanálisis kleiniano;

d) a través de los tigres, aprendieron a manejar la simetría, a terminar la pelea, asumir un momento de complementariedad para poder continuar siendo iguales.

Para algunas personas, la terminación del proceso puede parecer un tanto abrupta y apresurada. Sin embargo, las metáforas indicaban que los cambios ya se habían realizado e incluso en la misma metáfora de los tigres estaba incluida y manejada adecuadamente la posibilidad de recaída: de repente se daban algunos arañazos y después alguno de los dos cedía. Por último, estaba la sugestión final de que los procesos iniciados continuarían y así fue.

Después de la última sesión se realizaron dos entrevistas de seguimiento. Una a los seis meses y otra al año. En una de ellas Elena comentó: "es horrible, pero cada vez nos gritamos con más tranquilidad de conciencia". Ha habido cambios en la relación: ahora ella prepara el desayuno de Pablo en las mañanas y se siente bien de hacerlo y Pablo se ha vuelto más desordenado. En términos generales están contentos y de vez en cuando sueñan con los tigres y los lirios, reconocen la selva y pasean por ella.

REFERENCIAS

Eustace, R. y Robles de Fabre, T., "La nueva mujer y el cambio". Trabajo presentado en el 50 aniversario de la Sociedad Mexicana de Neurología y Psiquiatría, A. C., Morelia, México, 1987.

Grinder, J., y Bandler, R., Trance-formations. Neuro-Linguistic Programming and the Structure of Hypnosis, New York: Bruner/Mazel, 1981.

Robles de Fabre, T., "La utilización de las técnicas hipnóticas como una herramienta en el proceso terapéutico". Presentación en el XX Congreso de la Sociedad Interamericana de Psicología, Cuba, 1987.

Rosen, S., Mi voz irá contigo. Los cuentos didácticos de Milton H. Erickson, México: Paidós, 1986.

NOTA: Este trabajo fue publicado en Psicoterapia y Familia, Volumen I, N° 1, Revista de la Asociación Mexicana de Terapia Familiar.

(1) Teresa Robles de Fabre es Maestra en Antropología y Dra. en Psicología Clínica. Miembro titular y de la Mesa Directiva de la Asociación Mexicana de Terapia Familiar. A. C. Miembro fundador del Centro Mexicano de Investigación y Clínica S. C.

Este artículo fue publicado en Perspectivas Sistémicas N° 23, año 5, septiembre/octubre 1992.

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