Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

Artículos "on line"

Experiencia clínica intercultural en el mundo andino:
una visión relacional sistémica
(1)

por Emilio Ricci (2)

Bolivia, un país en vías de desarrollo, es una nación cuya peculiaridad radica sin dudas en su pluralidad cultural. De hecho ésta es del todo heterogénea desde el punto de vista étnico y cultural, en donde viven una rica variedad de pueblos (originarios) y tradiciones.

Su población (más de ocho millones) está conformada por más del 60% por una población de origen indígena en donde encontramos principalmente tres grandes grupos étnicos: Aymará, Quechua y Guaraní. Los primeros dos grupos se encuentran en el altiplano andino y el tercero en el oriente y precisamente en la región amazónica.

Se puede decir que esta nación ha sido, sin duda, olvidada y dejada a su suerte y si por casualidad recordada, lo es, sobre todo en los últimos años, por su constante reivindicación marítima o por su desastrosa economía que la han llevado a ser considerada la nación más pobre del cono sur. O también, recordada por los constantes alzamientos populares, cada vez mas frecuentes, que por ejemplo, han llevado el año pasado a la renuncia y a la fuga del país de quién es ahora el ex presidente de la república.

Bolivia, aparentemente se encuentra aislada por su conformación territorial pero, yo diría que también lo está por su misma identidad cultural.

Su desconfianza hacia los cambios, hacia aquello que es extraño, externo, extranjero; pienso sea una herencia conservada, inconscientemente, por la población indígena, en particular modo, que han "sobrevivido" a la invasión, después a la dominación y sobre todo a la devastación de su cultura por mano de los "conquistadores" españoles en el tiempo de la colonia.

El extranjero que llega a este país, tal vez atraído por el colorido y pintoresco paisaje andino, que hace pensar a un país detenido en el tiempo, observa un encuentro-choque entre culturas diversas que viven juntas pero que al mismo tiempo no se soportan a pesar de que necesitan vivir juntos para lograr sobrevivir.

Aquel individuo que presenta aspectos "occidentales", el "blanco" para entendernos, es llamado con mayor desprecio por la población indígena: "K’ara". Es decir, aquel o aquella persona que no tiene nada que ver con la "Pachamama", con la Madre Tierra.

O sea, individuos, que si bien habitan en la región andina, no conocen la "cosmovisión" de los pueblos de los Andes. No son capaces de apreciar el profundo vínculo existente en la lengua y la cultura indígena; entre el mundo "de arriba" (los vivos, pero también lo bueno, los santos etc., etc.) y aquello "de abajo" (los muertos, lo oscuro, etc., etc.), en una necesaria e infinita complementariedad.

Fundamentalmente para poder comprender y vivir completamente la cultura de este país es necesario experimentar una real "doble" pertenencia, como yo mismo he intentado hacer: experimentar tanto la pertenencia al mundo occidental – a la idea de ciudadanía boliviana, de territorialidad, de burocracia etc.- como la pertenencia al mundo de las tradiciones étnicas – al folklore, a la música, a los bailes autóctonos-.

A partir de estos últimos elementos, a través de una atenta observación, es posible descubrir la verdadera sustancia intercultural que esta región andina extrae de sus antiguas tradiciones.

Entre las más importantes encontramos el baile de la salla (manifestación afro-boliviana), el tinkus (encuentro en lengua aymará), los caporales, la morenada, la diablada entre otras.

Todos estos bailes representan en a modo "de metáforas encarnadas" (a través de los pasos, los atuendos, los movimientos, etc.) las creencias autóctonas (antes del dominio español, de la colonización y de la evangelización).

Por ejemplo, el Tinkus ( el encuentro) es una danza ritual que se desarrolla mediante el encuentro (brutal), cuerpo a cuerpo con un rival, para tributar con la sangre, a través de los golpes dados o recibidos al o por el adversario y ofrecerlo simbólicamente a la "Pachamama" (la Madre Tierra) para pedir una buena y abundante cosecha.

O también la Diablada, que es una verdadera representación de toda la "cosmovisión andina": en ella se representa toda la complementariedad de la dualidad (bueno y malo, santos y diablos, "los de arriba" y "los de abajo"). Es en síntesis, la representación de la mutua interacción entre las fuerzas que constituyen y gobiernan el universo.

Existen otros bailes como el "Caporal", que está a representar el brutal sometimientos de los esclavos traídos desde Africa y llevados a la fuerza por los españoles como mano de obra para la minas.

Los bailarines con suntuosos trajes y cascabeles atados desde los talones de las botas hasta las rodillas, representan las cadenas de los negros esclavos que paso a paso desfilan por la ciudad hacia las minas. Ahora todo esto, sin duda, se ha transformado sólo a un suntuoso y llamativo baile.

Sin dudas, la cultura andina es rica de tradiciones y, como se decía anteriormente, está cargada de una indescriptible pertenencia a sus tradiciones ancestrales, que creo, jamás serán del todo comprendidas si solamente observadas con los "ojos" del extranjero "occidental"

Creo que para que un occidental pueda acceder a esta cosmovisión, tendría necesariamente que hacer una recorrido hacia sus orígenes, es decir, lograr utilizar los propios procesos de aculturación. Que no significa olvidar la propia pertenencia, sino más bien, usar dos "lenguas" o dos "cerebros" con el objetivo de introducir un especie de "puente" que permita hacer comunicar dos mundos que son, a veces, muy diversos.

 

Desde la experiencia profesional italiana a la experiencia en Bolivia

Tal vez mi doble cultura de pertenencia, italo-chilena, me ha permitido una mayor flexibilidad frente al encuentro con culturas diversas, además, mi formación, seguida por una especialización en terapia familiar con un enfoque relacional-sistémico, me ha permitido trabajar a partir de la comprensión que, como afirma Andolfi, (1995)

"nosotros los terapeutas somos el extraño que entra en contacto con otro mundo, un familiar que no es el nuestro (…)" (pág. 6).

Esto significa, entonces, aprender a usar "la curiosidad" y el "respeto" como recursos positivos, capaces de pedir y de acercarse a comprender aquello que un "profesional del sufrimiento", más allá de todo su conocimiento previo, ignora.

Sin dudas, he recibido de mi formación una rica preparación profesional, que me ha permitido introducirme sin excesivas dificultades en los servicios sanitarios locales, o mejor dicho, de poder trabajar con las familias, ejerciendo la profesión de terapeuta familiar que por estos lados parece que nadie practica, mientras que todos parecen practicar otro tipo de terapia: la tristemente célebre "terapia salvaje".

La ausencia de una formación terapéutica ad hoc y la casi inexistencia de una representación profesional, en el contexto de una situación general de los servicios sanitarios que desagraciadamente deja mucho que desear, han, de hecho, permitido frecuentemente, una practica clínica sin un adecuado control institucional.

A partir de mi formación y, después, en la practica profesional privada, estoy profundamente convencido de que nadie puede hacer el propio trabajo intentando hacer el trabajo de otros.

Considero que es realmente importante comprender el respeto que se debe tener frente al sufrimiento de las familias que acuden a nosotros para ser ayudadas.

Creo que este respeto se origina a partir del momento en el cual se cambia el objetivo de nuestros intereses, es decir, desde el deseo de pensar en desarrollar únicamente la terapia, al de estar con las familias cuando estas están con nosotros en las sesiones.

Antes de aprestarse a ejercitar la profesión en un país como Bolivia, creo que es ante todo necesario comprender como funciona la sociedad. Es posible que de este modo sea factible encontrar explicaciones a la falta de visiones innovadoras y/o modelos de referencias: por ejemplo el hecho que exista un reducido numero de terapeutas de la familia con títulos conseguidos en instituciones de formación ad hoc.

O también, la casi inexistente colaboración entre colegas y la indiferencia hacia la formación continua o a la actualización de las teorías de referencias.

En lo que concierne a la terapia familiar con un enfoque relacional-sistémico por ejemplo, la mayor parte de los profesionales bolivianos están aferrados a los años setenta/ ochenta.

La pregunta que surge casi espontáneamente entonces, retoma las reflexiones de Andolfi, es decir:

"¿cómo lograr escuchar otras culturas sin perder los rasgos personales que constituyen la nuestra, o sin obligar a los otros a entrar en el objetivo de las interpretaciones de nuestra cultura, de nuestras tradiciones, de nuestros modos de comer, de nuestro modo de divertirnos, de nuestro modo de sentir y vivir la familia, de sentir los valores, etc.?" (Andolfi, M., 1997, pág. 9).

Creo que sea importante desarrollar capacidades transculturales y colocarnos, como afirma Andolfi, en una actitud de curiosidad, en el mismo modo cuando se decide "aprender el uso de idiomas extranjeros para poder comunicarse con países que no son los nuestros, sin continuar a pensar que sean solo los otros los que tienenr que aprender nuestro idioma, en donde por idioma entiendo una cultura, una costumbre, etc. " (ibidem).

Una propuesta realmente interesante, entonces, la podemos encontrar en el volver a aprender, como el mismo Andolfi indica,

"a usar los ojos y no las descripciones o las interpretaciones de las cosas. Los ojos son un fuerte vehículo transcultural, porque estos son menos sobreescructurados respecto a nuestros modelos para interpretar los fenómenos o las relaciones (…) muy pocas personas dicen aquello que ven, mas a menudo dicen aquello que interpretan respecto a aquello que han visto y al final no saben, ni siquiera, aquello que han visto, porque interpretar las relaciones es así, automático, que uno ya no ve personas, sus cuerpos en movimiento, sus respuestas emotivas, no ve mas que a sí mismo en relación a las personas" (ibidem).

Estas son las ideas que he introducido en mi trabajo: después de haber observado como funciona la sociedad en La Paz, he podido comprender la extrema susceptibilidad con la cual las personas se retraen, impidiendo, aparentemente, al incauto profesional, cualquier enfoque que vaya mas allá del habitual modelo individual.

La Cuestión Multiétnica y la Cuestión Social

Mi idea (aprendida en la formación clínica) es que si un psicólogo se conforma con aquello que se presenta, espontáneamente en la terapia, jamás podrá observar a todo un núcleo familiar junto.

La inventiva y la iniciativa son entonces importantes elementos, como la observación y la sensibilidad intercultural.

Es interesante notar, por ejemplo, como en los mercados, el "tambo" (en los tiempos de la colonia eran lugares en donde los forasteros pernoctaban, ahora transformados en espacios de mercado, especialmente de frutas y verduras), encontramos una presencia casi del 100% de mujeres entre los vendedores.

La razón de ser de esto se encuentra, sobre todo, en la cultura difundida en el ámbito social, de fuerte connotación estereotipada de la figura masculina: el hombre es considerado de poca confianza, acostumbrado a no asumir la responsabilidad del núcleo familiar y a delegar toda la responsabilidad de la conducción familiar a la mujer.

Es también importante recalcar que en el contexto social encontramos altísimos índices de pobreza, niveles bajos de escolaridad, como también, altos índices de analfabetismo, mortalidad infantil y niveles extremos de desocupación.

Obviamente estos niveles indican con extrema claridad una funesta calidad de vida en la población en general. Y es aquí que encontramos a la familia boliviana en una constante lucha cotidiana por la supervivencia y con una visión siempre más incierta sobre el propio futuro.

Bolivia tiene una población de más de 8 millones de habitante y la ciudad de La Paz (sede de gobierno) tiene una población de más de ochocientos mil habitantes. Ciudad multiétnica con una compleja estructura social, siempre ha tenido dificultades en generar un desarrollo armónico para las diferentes exigencias de su población.

También aquí se encuentran niveles de pobreza, más del 56% de la población, de los cuales el 30% son considerados pobres y casi el 26% vive en la extrema pobreza.

En el 1997 las estadísticas económicas consideraban una entrada de 400 dólares al año para definir un nivel de pobreza y de solo 180 dólares al año para definir el nivel de extra pobreza.

Es en esta lucha por la supervivencia que más de 30.000 niños se encuentran a enfrentar la difícil situación de ser "niños de la calle".

La auto- marginación o la expulsión del núcleo familiar de pertenencia ha llevado a estos niños a vivir solos y, muchas veces, a considerar: "la calle es mejor que la propia casa".

Está fuera de dudas, por todos los motivos económicos y culturales considerados, que la experiencia profesional en el campo de la ayuda psicológica en un país como Bolivia es muy diferente de aquella italiana o europea, pero también, es verdad que por muchos aspectos, como el encuentro cotidiano con el sufrimiento de las familias que buscan respuestas a las dificultades relacionales, no existe diferencias respecto a aquello que se encuentra en cualquier otro país del mundo.

Conclusiones: El Terapeuta como el "Extraño" en la Familia

Y la Construcción de Puentes entre Culturas

Creo que la experiencia clínica ha sido, en mi caso, rica. Poder observar "con otros ojos" este lugar no es lo mismo que observarlo desde el exterior con el miedo de confundir el verdadero sentido de la petición de ayuda.

El contacto con culturas diversas de la mía me ha ayudado a comprender que somos, siempre nosotros, los profesionales, "el extraño" que entra en contacto con un "familiar" que no es el nuestro, a tener que usar el lenguaje de las familias –pacientes o clientes- para comunicar respecto a sus relaciones.

Y finalmente, el contacto con la realidad social me ha ayudado a usar mi experiencia profesional y familiar para promover en todos los casos la efectiva ‘construcción de puentes’ entre dos culturas, en busca de modalidades capaces de activar los recursos personales de las familias en dificultad.

Notas

1Este artículo es la experiencia vivida por más de tres años en los Andes, en territorio boliviano.

2 Psicologo, terapeuta familiar de formación relacional-sistémica en la Accademia di Psicoterapia della Famiglia di Roma. Docente invitado para la maestría: "Psicoterapia e Intervención en Grupo, Pareja y Familia" Universidad Mayor de San Andrés "UMSA", La Paz, Bolivia. Presidente-delegado de la « Asociación Boliviana de Psicoterapia». dre@iol.it

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