Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

EL ABORDAJE SISTÉMICO AL INDIVIDUO

Editorial Redes nº 21

Juan Luis Linares

A nadie se le ocurre, en la actualidad, que constituya un atrevimiento proponer la legitimidad del trabajo sistémico con individuos. Sin embargo, no está tan lejos la época en que semejante propuesta provocaba escandalizadas reacciones en la bienpensante ortodoxia del modelo. Y, aún hoy, no queda claro cuándo, cómo y dónde resulta adecuado hacerlo.

El cambio de opinión se ha venido realizando lentamente, y, a estas alturas, se han vertido ya ríos de tinta sobre el tema, pero, antes de entrar en más doctas reflexiones, es necesario hacer justicia a la influencia del mercado. Sin la presión de la demanda de terapia individual en las salas de espera de los consultorios privados, es posible que los sistémicos estuviéramos todavía dudando sobre la corrección epistemológica de dicha práctica. Ahora, finalmente, esa duda se ha disipado, y nadie cuestiona que un modelo basado en la relación constituya un bagaje sobradamente rico para afrontar cualquier actividad psicoterapéutica, tanto con familias, como con individuos, grupos, sistemas varios o redes sociales.

Pero trabajar con individuos no es solamente hacer terapia individual, puesto que en el curso de cualquier terapia familiar o de pareja surgen también casi inevitablemente interrogantes sobre la conveniencia de algún trato diferenciado a los miembros del sistema y, en especial, al paciente identificado. Podríamos afirmar que el continuum que se inscribe entre la focalización y atención al sistema y la focalización y atención al individuo es uno de los pasos de baile que articulan la danza de la terapia familiar. Sin ánimo de tratar de forma ni remotamente exhaustiva un tema tan complejo, nos limitaremos a señalar, a título de ejemplo, algunas de las situaciones referidas al mismo que con más frecuencia se plantean, así como a sugerir algunas posibles respuestas.

¿Es aconsejable realizar sesiones individuales con los miembros de una pareja en terapia? Ciertamente sí, aunque hay que estar prevenido para afrontar un aumento de las tendencias centrífugas si la pareja está ya instalada en esa dinámica. ¿Es conveniente insertar sesiones individuales en el curso de una terapia familiar? De nuevo la respuesta es afirmativa, aunque con necesarios matices. La conveniencia de alternar de algún modo y con alguna frecuencia sesiones individuales con el paciente y sesiones con diversas combinaciones familiares, aumenta proporcionalmente con la gravedad del trastorno y con la intensidad de la disfunción relacional. De todas formas, conviene no iniciar dichas sesiones antes de estar razonablemente seguro de contar con la confianza del paciente, quien, en caso contrario, podría sentirse engañado o traicionado en un formato terapéutico que lo define de nuevo como "el problema". ¿No hay peligro de quedar entrampado en un conflicto de lealtades si se manifiestan secretos en una sesión individual? El riesgo existe, pero puede ser soslayado con flexibilidad negociadora y con capacidad persuasiva. Vale la pena correrlo.

Y así sucesivamente. Téngase en cuenta que los terapeutas sistémicos no trabajamos con individuos aislados, que por otra parte no existen, pero tampoco con relaciones abstractas. Nuestros clientes no son otra cosa que individuos en relación.

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