Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

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"Poética y Micropolítica del cambio:
Diseñando conversaciones terapéuticas"

Entrevista a Marcelo Pakman (*)

Por Alicia Moreno (**)

Entrevista a Marcelo Pakman, realizada por Alicia Moreno en la Universidad P. Comillas de Madrid, en febrero de 2006, después de que impartiese un taller organizado por el Master en Terapia Familiar y de Pareja

Alicia Moreno (AM): El título de tu taller ha sido: "Poética y micropolítica del cambio: diseñando conversaciones terapéuticas". ¿A qué se refiere este titulo?

Marcelo Pakman (MP): Este título trata de capturar un interés por dos aspectos del cambio terapéutico. Uno, lo que yo llamo los aspectos micropolíticos, es decir, aquellos que tienen que ver con todas aquellas cosas que hacemos para dar una oportunidad de definir realidades de un modo diferente en el campo en que los actores, pacientes, redes sociales, etc, con los que estemos trabajando en ese momento, están operando. Muchas veces, estos aspectos se implementan a través de hacer cosas que en la tradición de la psicoterapia no están muy bien vistas, porque se piensa que pertenecen a lo que tiene que hacer un trabajador social y no una persona del mundo "Psi". Es decir, tradicionalmente lo que se supone que es legitimo de un terapeuta es trabajar sobre lo estrictamente mental, pero resulta que buena parte de lo que es mental son cuestiones sociales y políticas que tienen que ver con definiciones de la realidad sobre las cuales hay que operar de algún modo. Por tanto, este aspecto micropolítico es un intento de legitimar como parte genuina del trabajo terapéutico que hacer todas esas cosas es parte de lo que debemos hacer y, a la vez, un reclamo para evitar caer en algo en lo que lo que se cae con frecuencia, que es decir: "bueno, yo sabría hacer muchas cosas en esta situación, pero lamentablemente no puedo, porque hay problemas contextuales que me impiden hacer lo que debería hacer como psicoterapeuta que soy".

En su lugar, yo afirmo "no te confundas, esas cosas no son parte del contexto de la terapia, son parte del texto de la terapia". Eso es lo mental en muchas situaciones, el tipo de acciones que constituyen una parte legítima del trabajo terapéutico: realizar las llamadas telefónicas, facilitar los contactos con diferentes sistemas, activar partes inactivas de redes sociales, etc. Es micropolítica en el sentido en que es política local, en la localidad en la que trabajes. No es política en el sentido tradicional de macropolítica o política en la sociedad más amplia. Pero es política, si por política entendemos la actualización del poder en tanto oportunidad para definir realidades.

En segundo lugar, la otra palabra poética, tiene que ver con un interés con aquellos momentos del trabajo terapéutico en el que se dan cambios discontinuos. Es decir, hay momentos del proceso terapéutico en que se hace un trabajo que tiene una cierta continuidad, se van produciendo ciertas transformaciones, se usan diferentes lentes interpretativas para mirar lo que está sucediendo, mientras se trabaja micropolíticamente. En contraposición, hay otros momentos discontinuos, generativos, a los que yo denomino poéticos (en el sentido etimológico de poético como productor o generativo), que son seguidos por otros momentos interpretativos, de tal manera que se produce una desarticulación de la continuidad que abre nuevas posibilidades.

He estado muy interesado en estudiar esos momentos singulares del proceso terapéutico, que escapan tanto a las interpretaciones que se venían haciendo de las cosas, como al hecho de que no están determinados por los modelos a los que decimos que estamos adscritos y que informan lo que hacemos, sino por otras fuentes de aprendizaje; están relacionados con algo que nosotros usamos frecuentemente en la comunicación cotidiana: las metáforas generativas pero no se agotan en ellas, ni las incluyen necesariamente. Durante un tiempo use conceptos de Donald Schoen para pensar este tema pero luego comencé a hacer otros desarrollos para entender estos aspectos y momentos expresivos que tienen sentido pleno aunque no pueden ser domesticados en una significado claro y distinto que podamos identificar, articular. Tratar teóricamente estos momentos los distingue y nos enfrenta con las paradojas de teorizar lo singular que ocuparon a Roland Barthes.

AM: Volviendo a la micropolítica, pienso que tu planteamiento tiene relación con los condicionamientos culturales, ideológicos, de roles de género, etc, que actúan sobre los terapeutas. Muchos de ellos entienden que eso esta ahí pero no saben cómo llevarlo a la terapia sin que se ésta convierta en una especie de "mitin" en el que se promueven determinadas ideologías.

MP: Sí, efectivamente, ese es el desafío. Está entre el extremo de considerar que eso tiene que ver con el contexto y no es mental, y por tanto, no es legítimo ocuparse de ello en terapia, y el otro extremo, que implica que lo mental como lo entendemos restrictivamente no existe; lo único que existen son las fuerzas ideológico-políticas y por tanto la terapia se transforma, entonces, en una base ideológica. Entre esos dos polos está el desafío de hacer algo en lo local como terapeuta, pero al mismo tiempo usando la terapia para hacer una cierta reflexión crítica sobre cómo todas esas fuerzas están dándole forma a las elecciones que yo voy haciendo en mi vida.

AM: ¿Cuál es el papel de hablar explícitamente de estos fenómenos sociales en terapia?

MP: Explorar de dónde vienen esas ideas acerca de lo que uno debe o no hacer tiene un rol, preguntándose por qué es tan difícil no seguir esas ideas y hasta dónde uno tiene elección. Todo eso es una reflexión crítica y la terapia es un lugar legítimo para hacerla.

AM: Si tradicionalmente la psicoterapia ha abordado lo mental, lo interno y ha pensado que los otros aspectos quedaban fuera, ¿no crees que ahora, como reacción a esto, algunos modelos de terapia han podido caer en el otro extremo?

MP: En verdad ha habido enorme elaboración teórica dentro del post-estructuralismo y postmodernismo sobre la subjetividad y los determinantes sociales a los que está sujeta. Foucault, por ejemplo, se ha ocupado de la complejidad de esa relación entre lo subjetivo constituido por lo social pero excediéndolo. Es una relación difícil de navegar en la práctica, entre los dos extremos: desembarazarse de lo social y tener una visión un poco ingenua y restringida de los fenómenos mentales, y en el otro extremo, olvidarse de que existe la subjetividad, que no es equiparable a individualidad, homogeneidad o identidad, ahí está la complejidad del asunto. Para mí, la clave es ver cómo la terapia puede ser un formato social para permitir una reflexión, no basada en una imagen asocial de uno mismo (como el pensador de Rodin, que se pone a pensar para dentro y descubre las cosas él solo), sino una reflexión crítica de uno mismo a través de los otros. Una practica social critica a través de una micropolítica que desafía los determinantes sociales y los procesos de formación de identidad a través de los cuales nos constituimos, es decir, los mecanismos de sujeción, y una practica poética que a través de eventos singulares genera oportunidades de subjetivación. Micropolítica y poética, operando sobre los dos aspectos del fenómeno que llamamos subjetividad, sujeción y subjetivación.

AM: En tu experiencia de trabajo ¿dónde encuentras que tienen más aceptación o más rechazo estos planteamientos?

MP: Estas ideas pueden tener mas aceptación o rechazo dependiendo de lo abierto que uno esté a los conceptos políticos que uno está implementando. Muchas veces es más adecuado que uno sea implícito a la hora de hacer estos movimientos para evitar la confrontación y no alienar gente porque si se confronta puede dar lugar a una discusión sobre los principios y es mejor discutir situaciones concretas, ya que en la práctica tenemos que convivir juntos. El otro peligro es la aceptación que pueden generar estas ideas. Si son demasiado aceptadas y se trasforman en una nueva ortodoxia pierden la fuerza crítica que pueden tener. Ser rechazado es un problema pero ser demasiado aceptado también es un problema.

AM: ¿La poética y micropolítica son tus temas preferentes de trabajo en la actualidad?

MP: Sí. Me interesa indagar a través de conceptos desarrollados en filosofía y epistemología contemporánea toda la cuestión del cambio discontinuo y lo que llamo los momentos poéticos generativos y su relación con los otros momentos. Pero, sobre todo, me interesa ver si se puede decir algo más sobre eso que ha sido un punto misterioso de atención para muchos pensadores. Por un lado, si es posible teorizar lo singular y, por otro, si es posible entrenar a profesionales que tienen una práctica social para que aumenten sus posibilidades de generar esos momentos singulares poéticos de cambio discontinuo en su práctica o si por el contrario, tenemos que abandonar ese proyecto como un proyecto imposible y ocuparnos sólo de aquello que se puede conceptuar y dejar eso librado a la intuición o el estilo personal. Es un interés sobre lo que la vida y las circunstancias hacen de nosotros y nosotros de la vida y las circunstancias, entre la determinación y la libertad, entre la sujeción y la subjetivación más allá de la identidad social, y centrada en puntos de indeterminación. Lo micropolítico que trabaja críticamente creando espacios virtuales y lo poético que les da contenido. Todo esto lo estoy desarrollando en un libro cuyo subtitulo es justamente Poética y Micropolítica del cambio. Allí indago como las palabras tocan a las personas en un sentido físico que puede ser traumático y también poético, las palabras no enfocando lo ya dicho, sino el decir, como quería Emmanuel Levinas. También me ocupo de lo material y corporal de la voz, la mirada, el papel de las imágenes y lo visual en su intrincación con lo textual, en las intervenciones terapéuticas y en esos eventos poéticos que mencionaba.

AM: Se suele pensar que hay habilidades que uno posee o no posee, pero tú planteas que es posible entrenarse y adquirirlas.

MP: Hay cosas para decir sobre esos momentos singulares y esos elementos que mencionaba como relevantes cuando nos interesa todo lo que nos toca en un sentido corporal, que merecen ser reconocidos y legitimados como momentos importantes y genuinos de los procesos de cambio. Y resulta posible tener un proceso formativo que aumente las posibilidades de que se generen ese tipo de situaciones que no son extraordinarias sino cotidianas, aunque bloqueadas por nuestra formación profesional misma. En la formación como terapeuta hay que aprender las teorías y las habilidades que son la tradición de la terapia. Al mismo tiempo, se debe tener suficiente práctica crítica como para evitar lo más posible que esos mismos modelos y teorías inhiban las posibilidades de crear momentos que están determinados por cosas que están más allá de la teoría. Son momentos generados sistémicamente, pero de un modo que uno no puede conceptuar sistémicamente.

AM: Esto me recuerda la última publicación de Gianfranco Cecchin sobre la irreverencia, es decir, la actitud de ser capaz de revisar y cuestionar aquellas cosas en las que uno suele creer.

MP: Efectivamente, ese trabajo de Gianfranco Cecchin tiene mucho que ver con evitar quedarse atrapado por el poder restrictivo de las teorías. La actitud permanentemente irónica que tenía Cecchin en su práctica tiene mucho que ver con eso. Yo creo que tanto la ironía como el cinismo son necesarios para revisar los propios modelos o teorías que ya no funcionan; el aspecto cínico es un poco más antipático, y el irónico un poco más divertido.

AM: En tu taller planteabas que los futuros terapeutas sistémicos tienen que aprender no sólo las técnicas, sino también a verse a sí mismos en contexto. ¿Cómo pueden conseguirlo?

MP: El proyecto de ser un pensador sistémico es un poco imposible, sin embargo vale la pena intentarlo. Es imposible porque, en última instancia, no podemos estar fuera de los sistemas dentro de los cuales pensamos a los sistemas, sin embargo existe una diferencia muy clara entre tratar y no tratar. La diferencia es que los profesionales que tienen una vocación sistémica tratamos, y ése precisamente es el aprendizaje. Pero ese intento debe evitar alienar todo en un modelo fijo que nos obligue y nos ciegue.

AM: Cuando expones tus ideas sobre esta actitud de que uno no tiene que estar aferrado totalmente a ninguna idea o teoría, ¿hay quienes te cuestionan argumentando que hay ideas u opciones que, en sí, son mejores que otras?

MP: Sí, pero de hecho creo que es cierto que todos tomamos decisiones y tratamos de movernos en direcciones que elegimos en base a diferentes valores que tenemos. Pero, justamente, tomamos esas decisiones en momentos en que todas las categorías que usamos para transformar las situaciones en situaciones que se pueden resolver en términos matemáticos no funcionan bien, de ahí la importancia del concepto de Heinz von Foerster de que sólo podemos decidir en las situaciones en que son indecidibles o, como prefiero llamarlas, dilemáticas. La terapia es un lugar muy interesante para mostrar que se pueden generar situaciones que sean indecidibles porque eso es lo que nos pone a los seres humanos en la posibilidad de tomar una decisión, es decir de ser éticos. Si algo ya está fijado, si tiene una solución, eso ya no depende de nosotros, depende de nosotros aquello que no tiene una solución, lo que no es decidible siguiendo un procedimiento formal y ,en esos casos, es cuando nos toca ser éticos. Ser ético quiere decir tomar un riesgo; cada intervención en el sentido poético generativo es un riesgo que uno toma. Era a lo que yo me refería cuando decía que la otra cara de lo poético es lo traumático. Realmente uno no sabe si va a ser generativo o si va a ser paralizante y traumático. El trabajo micropolítico crea espacios virtuales donde las determinaciones sociales, políticas, discursivas, bloquean el campo de lo posible. Y lo hace como un trabajo de critica social que pone en evidencia y amplifica puntos de indeterminación sobre los cuales lo poético, cuando se da, produce núcleos de lo que, siguiendo y traicionando a Alain Badiou, podemos llamar metapolítico.

AM: ¿Qué te parece más interesante de los últimos desarrollos en la terapia familiar sistémica?

MP: Para ser honesto, aparte de conversaciones concretas con terapeutas no he estado siguiendo demasiado la producción intelectual en el campo de la terapia. Me parece que se ha estado reverberando, sin tratar de usar conceptos nuevos o desarrollados en el campo de la filosofía, historia o sociología para pensar cosas cotidianas y no se ha avanzado demasiado en ese sentido. La verdad que me estuve dedicando más a esto último, que ha indagar lo que estuvo pasando en la terapia. Mi contacto tiene que ver con ser revisor de artículos de algunas publicaciones. No leo muchas teorías del campo de la terapia, me alimenta más leer cosas que vienen de fuera del campo de la terapia, para hacer lo que llamo "pensar la clínica".

AM: Algunos de los modelos más populares últimamente son los que tienen que ver por un lado con los enfoques narrativos, y por otro lado con la terapia breve y el diseño de protocolos muy concretos de actuación para aliviar los síntomas en unas pocas sesiones. Según tu experiencia, ¿tienen también auge estos modelos en Estados Unidos, donde tú trabajas?

MP: Depende en qué ámbito. En EEUU, en el campo de salud mental comunitaria, la experiencia cotidiana del terapeuta tiene que ver con la influencia que las políticas de las compañías de seguros ejercen sobre su trabajo, por ejemplo, en los procedimientos a seguir. Esa es ahora una gran sujeción. La globalización ha arrasado el campo de lo posible en la terapia y los procedimientos han reemplazado, en buena medida, a las teorías, lo cual es un problema en sí mismo. Los protocolos son como un modo sutil de contrabandear ideologías, son lo contrario de la terapia como un lugar para el pensamiento crítico, la reflexión y el cambio como una "pasión por ser de otro modo", como subjetivación, en una concepción ética del cambio. En ese sentido, lo veo como un problema. Así como hay literatura y hay superventas, existe la terapia como un lugar para reflexionar sobre la vida y la terapia protocolar es el equivalente del superventas. Me parece muy honorable que otros se ocupen de eso como una profesión pero no es lo que me interesa a mí.

AM: ¿Cómo iniciaste tu trabajo en el modelo sistémico, tanto en la vertiente más práctica como en la dimensión más abstracta de la epistemología?

MP: Nunca he estado dedicado prioritariamente al trabajo universitario. Esto me condenó a no tener algunos de los privilegios del mundo académico, pero también me permitió no tener algunas de sus carencias, puesto que me lanzó al campo de batalla de enfrentarme con situaciones sociales complejas desde adentro como un participante. Sin embargo, como al mismo tiempo sí tenía otro interés en las ideas, los conceptos, la abstracción, siempre usé de algún modo la práctica clínica para pensar esos conceptos abstractos y usé esos conceptos abstractos para reflexionar sobre la clínica. En ese sentido siempre traté de negociar esas dos raíces

AM: ¿Quiénes han sido tus maestros, bien porque hayas trabajado con ellos personalmente o porque sus obras hayan influido tu pensamiento?

MP: Tuve maestros tempranos. Cuando fui residente de psiquiatría en Argentina en el viejo Hospital de Niños de Buenos Aires tuve un fantástico instructor con el que aprendí mucho, que se llamaba Alfredo García. Él me enseño la apertura de pensamiento y el pensamiento crítico. Después he tenido interlocutores, como Carlos Sluzki, con el que todavía interactúo con frecuencia, y tuve la suerte de estar cercano, durante algún tiempo, al trabajo de Gianfranco Cecchin. Ahora tengo un diálogo permanente con Pietro Barbetta, un terapeuta de Bérgamo. Además, teóricamente en el campo de la cibernética tuve un contacto bastante cercano durante años con Heinz von Foerster. Mis conversaciones en casa sobre las cosas de la vida con mi pareja Chus Arrojo son también centrales. Todos ellos son parte de los interlocutores internos que tengo en todas estas cuestiones. Pero siempre es injusto mencionar a alguna gente, siendo tantas las influencias que uno recoge.

AM: Aquí en España hay algunos temas candentes, como la cuestión del trabajo en situaciones de violencia de género, y cómo combinar aspectos del modelo sistémico con los planteamientos feministas. Según tu experiencia, ¿cuál es la clave para abordar este problema?

MP: Fue muy importante el movimiento que hubo para hacer visible el problema de la violencia de género. Este ímpetu básico no vino, probablemente, del campo de la terapia, sino que tuvo más que ver con el avance del discurso de los derechos humanos, con el avance del movimiento feminista, con la interrelación de estos discursos con el progreso en la democratización, con todas las problemáticas irresueltas de qué es un estado democrático. La investigación, la sociología, las ciencias sociales y la comunicación se agregaron a todo ese movimiento. El papel de la terapia no fue central, pero es parte de las fuerzas sociales que pueden hacer algo al respecto, y no creo que haya un enfoque privilegiado para ayudar en este tipo de situaciones, creo que la práctica crítica, una vez más, es muy importante. Tiene que ser una práctica abierta a observar y reflexionar sobre cómo las fuerzas sociales nos constituyen como cierto tipo de sujetos, constituyen el género, las expectativas de rol, pero también tiene que ser critica de las mismas sujeciones que provienen de la institucionalización de formas constituidas de pensar el tema.

AM: ¿Crees que ahora la violencia familiar se da con mayor frecuencia, o simplemente es más visible?

MP: Leyendo documentos históricos, vemos que éste siempre ha sido un planeta muy violento, lo que pasa es que la preocupación por esa violencia como algo que requiere reflexión y legislación se ha difundido mucho más desde el modernismo. Pero me parece que somos una especie salvaje, no por lo más primitivo, sino por lo más desarrollado que tenemos. Lo típico de la violencia humana es que tiene Razón; un león es agresivo porque esta programado para ello, nosotros somos agresivos por "razones", buena parte de nuestro problema procede de lo más evolucionado que tenemos. Un premio Nóbel de literatura, Kertesz, se ha dedicado a tematizar esto y ha dicho que, lamentablemente, en algún sentido, la lógica nazi triunfó, fue un triunfo de los peores aspectos de la razón. Lo terrible del nazismo no fue lo inhumano que había, sino lo humano que tenía en si, los monstruos de la Razón de Goya. Yo también creo que el problema humano reside en lo más desarrollado que tenemos; de algún modo el lenguaje tiene algo desmesurado, somos una especie joven en tener ese instrumento. Una vez que tenemos el lenguaje y nos podemos desligar a través de él de lo absolutamente material, podemos hacer proyectos, soñar,… y como una especie joven, somos como un niño con un poder terrible.

 

 

Inmigración y globalización

 

AM: Otro tema de actualidad es el de la inmigración, que aquí en España es mucho más reciente que en EEUU, pero que está cada vez más presente en el trabajo psicoterapéutico. Según tu experiencia, ¿qué es lo que ayuda a que ese proceso de la inmigración sea menos traumático y que haya menos choque de las personas inmigrantes con la nueva cultura?

MP: Un tema que a mi me interesó es pensar toda esa problemática en términos de las fronteras culturales. Le llamo fronteras culturales a las zonas de contacto entre grupos sociales o subculturas o etnias, que provienen de tradiciones diferentes, que pueden ser fronteras entre grupos dominantes de la sociedad y minorías o entre extracomunitarios e intracomunitarios, o lo que sea. Uno de los problemas que se dan a través de esas fronteras es que hay una doble ceguera en juego; una tiene que ver con que es difícil percibir cosas de otras culturas porque no tenemos los receptores para percibirlas y no los tenemos porque hemos sido socializados en otra tradición. Por tanto, hay cosas que no vemos, no porque seamos malos, sino porque no las podemos ver. La otra es la ceguera hacia la propia cultura, es decir, nosotros navegamos dentro de nuestra cultura pero eso no quiere decir que veamos a nuestra cultura o que seamos capaces de reflexionar acerca de ella. De hecho sólo empezamos a ver nuestra cultura en el mismo momento en que tomamos contacto con otra cultura. De algún modo, se da una situación paradójica, en la que se empieza a ver algo a partir de esta doble ceguera. Entonces las fronteras culturales son puntos de contacto entre dos grupos que son cada uno doblemente ciego. De esa doble ceguera surge con cierta facilidad que el otro se transforme en el enemigo y hay muchos estudios que demuestran cómo se da ese proceso. Con respecto a él, una cosa interesante es que no es algo que se pueda solamente solucionar con conocimientos. Existe la idea, para mi gusto un poco ingenua, de que si supiéramos más del otro, entonces lo aceptaríamos más. Esta es la idea de la competencia cultural: si aprendemos acerca del otro nos llevamos mejor. En mi opinión el proceso es mucho más complejo y no es algo que se pueda solucionar sólo con competencia cultural. La base que yo veo que da lugar a un proceso, a veces largo y doloroso, de mutua acomodación es justamente la convivencia y el desencuentro. Es de esa combinación de donde surgen experiencias sobre las que hay que pensar y la terapia es un lugar legítimo para pensar sobre esas cosas. Por ejemplo, a veces se da la "vecindad de espaldas", en la que hay una interacción que precisamente consiste en no interactuar con el otro. Y es importante reflexionar sobre ello en terapia. En cualquier caso, no pienso que haya casos culturales y no culturales, ya que todos los casos son culturales y en todos hay que hacer una reflexión sobre lo cultural. Cuando uno se acostumbra a trabajar en terapia haciendo una reflexión crítica sobre la cultura, obviamente la hacen los casos de frontera cultural pero también todos los demás

AM: Tienes experiencia como consultor y profesor en muchos países diferentes, Europa, América del Sur, China, EEUU ¿ves diferencias significativas en los problemas que se abordan en terapia? ¿O quizá las problemáticas también se van globalizando?

MP: Supongo que debido a la globalización hay cosas que se están reproduciendo, aunque con ciertas diferencias, por ejemplo, en culturas que están en procesos de desarrollo, como China, la epidemia de obesidad que hay, típica de sociedades en enriquecimiento rápido. Parece haber una correlación bastante clara entre el enriquecimiento y el cambio de dieta y esto lleva a la diabetes epidémica. También hay formas de violencia doméstica que aunque ya existían adquieren un carácter más epidémico. Esto se ve en lugares diversos. Se está planteando de qué modo el contacto intercultural es beneficioso o es un problema. También estamos en un momento en el que nos ubicamos frente a cuestiones políticas universales, como el miedo a las pandemias, al terrorismo,… hay ciertos miedos que son determinantes del horizonte de posibilidades con el que muchas sociedades se enfrentan, que son parte del escenario en que se sucede la terapia familiar. En la ventana hacia la sociedad y la cultura que toda familia es, está todo esto y está entonces también en el texto de las conversaciones que se tienen en terapia.

 

 

(*) El Dr. Marcelo Pakman, MD, nació en Buenos Aires, Argentina. Vive desde 1989 en el oeste de Massachusetts, en Nueva Inglaterra, USA. Es Director de los Servicios Psiquiátricos de Behavioral Health Network, una red de servicios de salud mental comunitarios; profesor Adjunto del Departamento de Ciencias Sociales Aplicadas del Instituto Politécnico de Hong-Kong, y Co-Director Científico de la Escuela de Counseling del Centro Isadora Duncan en Bérgamo, Italia (junto a Pietro Barbetta). Psiquiatra comunitario y terapeuta familiar sistémico, es miembro del Consejo Editorial de múltiples revistas profesionales en Norte y Sud América y en Europa, y ha publicado numerosos artículos y capítulos de libros en Inglés, Español, Italiano, Francés y Portugués. Presidió el Comité de Derechos Humanos y fue Vice-Presidente de la American Family Therapy Academy, así como Vice-Presidente de la American Society for Cybernetics. El Dr. Pakman es un conferencista y frecuente profesor invitado que ha dictado cursos, seminarios, talleres en mas de 80 ciudades de Norte América, Sudamérica, Europa y Asia, sobre temas relacionados con la terapia familiar y  sistémica e intervenciones en red, la salud ment al comunitaria, aspectos interculturales de la salud mental, cibernética, epistemología, y derechos humanos con particular atención a prácticas en contextos de pobreza, violencia y disonancia étnica.
Es particularmente renombrado por sus articulaciones entre teoría crítica, filosofía, epistemología, por un lado, y las prácticas clínicas en psicoterapia y salud mental, por el otro.
Email:
mpakman@comcast.net

(**) Alicia Moreno Fernández es Doctora en Psicología y Psicoterapeuta. Cursó sus estudios de licenciatura en Psicología en Madrid y posteriormente realizó su formación de postgrado en Estados Unidos, en el Master en Terapia Familiar y de Pareja de la Seton Hall University (New Jersey), y en el Kantor Family Institute (Boston). Obtuvo hace varios años el título de Doctora en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Ha trabajado en distintas instituciones públicas y privadas, tales como un centro de atención psicológica a mujeres y un centro público de servicios sociales en Madrid. Es Directora del programa Master / Especialista en Terapia Familiar y de Pareja en el Instituto de Postgrado de la Universidad P. Comillas, programa en el que también imparte docencia y supervisión de prácticas. Asimismo colabora como docente en varios programas de postgrado de otras universidades españolas. Ha sido durante varios años miembro de la Junta Directiva de la Asociación Madrileña de Terapia de Pareja, Familia y Otros Sistemas Humanos. En la actualidad forma parte de la Training Division de IFTA (Internacional Family Therapy Association). Desarrolla su labor clínica en la práctica privada, y sus áreas de interés profesional son las cuestiones de género, la integración del modelo sistémico con otros enfoques en la terapia individual, y las innovaciones en la docencia y supervisión del modelo sistémico.
Email:
amoreno@ip.upcomillas.es

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