Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

MOSAICO n° 57

Editorial

Aunque es viejo ya el antiguo arte de curar por la palabra, mucho es aún lo que se ha de debatir sobre la necesaria contrastación de los procedimientos terapéuticos, sobre su eficacia y su necesidad. No se trata de hacerlo sólo por las crueles exigencias del mercado, aunque no debemos olvidar dónde jugamos la partida; conviene, pues, rememorar a nuestros clásicos y saltar decididos a la palestra donde los diferentes paradigmas miden su fuerza, sus recursos, bríos y potencialidades.

Son muy oportunas, pues, las llamadas de atención que algunos prestigiosos colegas nos lanzan en este número de MOSAICO. Aceptemos el reto y pongámonos manos a la obra, aun a sabiendas de que, si bien todos somos -en cierto modo- investigadores curiosos, que también elaboramos hipótesis, descubrimos redundancias e inventamos intervenciones brillantes, no todos, sin embargo, tenemos la capacidad que se necesita para transformar las intuiciones creativas en categorías susceptibles de investigación. En este contexto en que nos movemos, como en cualquier otro, hay clones, artesanos, creadores e investigadores.

A los primeros no es mucha la atención que debemos prestarles, por ser malas copias casi siempre de un original más interesante y agudo; a los segundos debemos guardarles el respeto que su buen hacer terapéutico merece. Pero es con los terceros y con los cuartos donde el paradigma relacional se juega su permanencia en la primera división del arte de la terapia. Necesitamos personas con capacidad, intuición, sensibilidad y arte creativo; y otros (o los mismos, si se diera el raro don) capaces de organizar, coordinar y elaborar estudios o investigaciones de altura, a pesar de la gran complejidad de nuestro ámbito de trabajo.

A estos últimos habrá que reconocerles el esfuerzo, y la mejor forma de hacerlo es publicitando sus investigaciones, conociendo sus conclusiones y aplicando los avances que de ellas derivan en la práctica clínica que ejercemos. Disponiendo todo ello en fructífero diálogo con disciplinas afines, con rigor pero sin miedo, elucidando en todo momento qué aspectos pueden enriquecer nuestro trabajo y qué otros son modas pasajeras sin avales de rigor, prácticas espurias, bálsamos de fierabrás y otros placebos para el espíritu de parecida catadura

Javier Ortega Allué
DIRECTOR DE MOSAICO

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