Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

Artículos "on line"

Una política de civilización (1)

por Edgar Morin (*)

"Mi optimismo se funda en lo improbable"

(E. Morin)

El autor desarrolla en este artículo la idea de una política de civilización que no reduzca el pensamiento y la acción de la política, sino que busque volver a darle sentido, y se transforme en una herramienta compleja que dé respuesta a problemas considerados hasta hoy como privados o existenciales, o analizados parceladamente frente a la realidad.

LOS MALES DE LA CIVILIZACIÓN

Los desarrollos de nuestra historia revelaron males de civilización allí donde esperábamos logros. También, problemas que son juzgados periféricos deben convertirse en centrales, problemas considerados privados o existenciales deben convertirse en políticos, problemas no económicos deben hallar una solución económica. Estos problemas son los que hicieron surgir el revés de la individualización, el revés de la tecnificación, el revés del desarrollo, el revés del bienestar.

La individualización cuyas virtudes no se trata de subestimar de ninguna manera, tiene por revés la degradación de antiguas solidaridades y la atomización de las personas. Por cierto, el Estado asume de más en más las funciones solidarias pero de manera anónima, impersonal y tardía. Se volvió según la expresión de Octavio Paz un "Ogro Filantrópico". Por cierto, la cáscara de la familia nuclear tiende a replegarse de manera protectora, pero ahí también hay crisis debido a la fragilidad del matrimonio, y la errancia de los amores. De esta manera se acrecientan y se agravan las soledades en todas las clases de la sociedad, más horribles allí donde hay pobreza.

El revés de la tecnificación es la invasión de sectores cada vez más amplios de la vida cotidiana por la lógica de la máquina artificial que introdujo en ella su organización mecánica, especializada, cronometrada y que sustituye con la relación anónima a la comunicación persona a persona. Ella tiende a hacer de la vida social una gigantesca máquina automática.

El revés de la monetarización es la necesidad de sistemas crecientes de dinero para sólo sobrevivir, y la disminución de la parte del servicio gratuito, del don, es decir de la amistad y de la fraternidad.

El revés del desarrollo, es la carrera del crecimiento pagando el precio de las depredaciones en la calidad de la vida además del sacrificio de todo lo que no obedece a la competitividad. Más profundamente, el desarrollo surgió y favoreció la formación de enormes maquinarias tecnoburocráticas que por un lado dominan y aplastan todos los problemas singulares, concretos y por otro lado, producen irresponsabilidad.

El caso de la sangre contaminada, es un caso ejemplar en el cual se concentran las carencias, los estragos de una organización tecno-burocrática-científica, donde la sangre se transforma en una mercadería sometida a la rentabilidad económica.

Con el bienestar, se desarrolla el malestar. La mayoría de las enfermedades tienen una doble entrada, una entrada somática y una entrada psíquica. No hay que olvidar la tercera entrada, social y civilizacional. Asimismo, las tragedias de la adolescencia de los suburbios no constituyen un mal local y periférico, pero sí la expresión local y periférica de un mal general más difuso. Lo que se llama el mal de los suburbios y problema de la ciudad son traducciones de simplificaciones en términos topográficos de los problemas de una civilización que se ha tornado casi exclusivamente urbana y suburbana.

El PBI, la tasa de crecimiento, son incapaces de rendir cuentas de los procesos de degradación de nuestra civilización. El problema no es más entonces el del desarrollo sustentable. Es el de la civilización sustentable.

Anonimización, atomización, "mercaderización", degradación moral, malestar, progresan de manera interdependiente. La pérdida de responsabilidad (en el seno de las maquinarias tecnoburocráticas compartimentadas e hiperespecializadas) y la pérdida de la solidaridad (debido a la atomización de los individuos y a la obsesión del dinero) conducen a la degradación moral, dado que no hay sentido moral sin sentido de la responsabilidad y sin sentido de solidaridad.

 

LAS RESISTENCIAS

Hemos evocado aquí tendencias dominantes. Pero nada de esto se ha cumplido, porque contratendencias han aparecido y se han desarrollado. Son éstas las que hay que tratar de reunir, hacer converger e integrar en una política de civilización.

Asimismo, los individuos resisten a la atomización y a la anonimización por la multiplicidad de los amores, el entretenimiento de las amistades, las "barras" o grupos de amigos. Ellos resisten a la urbanización generalizada adoptando comportamientos neo-rurales, fines de semana y vacaciones, el retorno a alimentos rústicos, la compañía de gatos y perros. Pero estas resistencias son frágiles: los amores se quiebran, las barras se dispersan, la sexualidad liberada es golpeada por el SIDA, neonaturismos y neo-ruralismos son apenas instantes de remisión.

Una nueva resistencia ha nacido desde la toma de conciencia ecológica, la extensión del desempleo y la desertificación de las ciudades: microtejidos de la sociedad civil tratan de reaccionar por ellos mismos y abren perspectivas de una economía evidentemente herética a los ojos de los economistas, la economía de la calidad de vida y de la convivencialidad. Pero estas iniciativas son locales y dispersas. No hay que sistematizarlas pero sí sistemizarlas, es decir religarlas, coordinarlas para que constituyan un todo. Hay que hacerlas emerger a la política de civilización. Mientras que solidaridad, convivencialidad, ecología, son pensadas separadamente, la política de civilización las concibe en conjunto y propone una acción de conjunto. Solidarizar, responsabilizar, moralizar son interdependientes hay en cada una y en todas un potencial de solidaridad que se revela en circunstancias excepcionales y hay una minoría una pulsión altruista permanente. No se trata entonces de promulgar la solidaridad pero sí de liberar la fuerza de las buenas voluntades y de favorecer las acciones solidarias.

Casas de solidaridad podrían ser generalizadas en ciudades y en barrios: ellas comportarían un centro de recepción para las necesidades morales urgentes, con un cuerpo de voluntarios y profesionales en permanente disponibilidad para todas aquellas otras necesidades que dependen de los servicios sociales del Estado (policía, instituciones de ancianos, etc.). Dentro de esta lógica, podríamos disponer de agentes solidaristas en las comisarías, en cada administración, en todos los sitios estratégicos.

Al mismo tiempo, podríamos favorecer una economía solidaria que prolongaría, bajo nuevas formas, la economía mutualista. Iniciativas que se apoyarían en, y/o suscitarían, solidaridades locales. Por otra parte, la formación de cooperativas o asociaciones sin fines de lucro asegurarían servicios sociales de proximidad.

Podríamos contemplar la transformación de parte del servicio militar en servicio de asistencia-solidaridad a las desgracias exteriores (Europa, África).

Solidaridad- religancia- responsabilidad son los componentes de una conducta moral. Como toda ética, requiere una fe, la fe conjuntamente madre de la Fraternidad y de la comunidad que alimentan la ética de la responsabilidad. Francia dispone de una herencia de Fe cívica republicana patriótica; ella dispone de una herencia de universalismo que puede alimentar una fe europea y más ampliamente una fe de pertenencia a una comunidad de destino humano.

Son diferentes expresiones de fe que deberían ser despertadas y regeneradas para que alimenten formas de apertura y de tolerancia. Hay que obrar por la moralidad en y por el comportamiento.

Convivencializar, solidarizar, regenerar son interdependientes. La convivencialidad que ha sido descuidada desde que Illich mostró su necesidad y cuya política ecológica es un componente reconocido, debe ser prolongada, profundizada para prolongar y profundizar la resistencia espontánea de la sociedad civil a favor de la calidad de vida. Ello implica cordialidades y solidaridades de persona a persona, el compartir y la participación de los gozos, placeres y sufrimientos del otro, prójimo, vecino, visitante.

La Homogeneización, la estandarización, tienden a destruir las diversidades culturales y al enraizamiento. Hay una angustia difusa pero real de la pérdida de la tierra. Hay que reencontrar su tierra, no sólo la tierra de Francia, hoy amenazada por la desertificación, sino también el planeta Tierra que debemos salvaguardar en su diversidad viviente y humana de las depredaciones múltiples que la amenazan. El regeneramiento que nosotros sugerimos combina el regeneramiento francés, el regeneramiento europeo, el regeneramiento terrícola. El regeneramiento francés permite la autoafirmación de Francia en su singularidad; su principio universalista abierto permite una voluntad de autoafirmación europea donde Europa es una respuesta vital a los desafíos de la era planetaria, siendo el mismo un ejemplo universal de asociación para afrontar la crisis planetaria. El patriotismo francés y el europeísmo no deben ser opuestos sino ligados. La Europa de las Patrias así como las patrias metaprovinciales deben salvaguardar la identidad de sus regiones.

Convivencializar, solidarizar, regenerar, pueden encontrar ahora una expresión territorial y económica. Territorialmente, se trata de repoblar el desierto humano, la desertificación no es sólo rural; es urbana en el sentido en que el proceso de deshumanización hace estragos en la ciudad. Pero, y es una vez más otra forma de resistencia, el éxodo urbano comienza a reemplazar al éxodo rural. Podemos contemplar la transformación de las aglomeraciones urbanas en ciudades y la regeneración de las aldeas en pueblos.

Económicamente, la ecología se tornó vital y rentable. La calidad de vida debe tornarse vital y rentable. Podemos ahora contemplar y animar oficios y empleos para reducir al mismo tiempo el desierto "desconvivencializado", el desierto rural, reuniendo y desarrollando ideas provenientes de iniciativas todavía dispersas e insuficientemente amplificadas. Nuestro sistema educacional destruye las aptitudes intelectuales que son vitales, destruye la posibilidad de concebir su propia sociedad, su propia vida, sus propios problemas. La reforma del pensamiento unidimensional y fragmentario que produce este sistema permitiría evitar muchos despilfarros y muchos errores. Ello favorecería el renacimiento de la responsabilidad que ha sido siempre degradada dentro de la compartimentalización y la especificación del mundo tecnoburocrático. La política de civilización debería comportar una reforma de pensamiento. Es decir, una reforma de la educación que sería destinada a aprender a contextualizar y globalizar informaciones y conocimientos. La reforma del pensamiento constituye un objetivo capital de la política de civilización.

 

EL EJEMPLO FRANCÉS

Hemos formulado aquí el mensaje de una política de civilización dentro del marco francés pero también europeo, lo que también vale para el mundo. La excepción francesa debe ser mantenida precisamente para poder proponer un ejemplo francés. El ejemplo puede provenir de Francia, por ser ésta nación rica en sus tradiciones de "bien-vivir" y sufrir más que otros países se Europa "el mal-vivir".

Este constituye el objetivo de la política de civilización, cuya manifestación es el bien-vivir y no el bienestar que, reducido a sus condiciones materiales, produce malestar.

Se trata de una tarea, a largo plazo, de importancia histórica. Ella debe desarrollarse en este último decenio y prolongarse más allá de él. Esta política de resistencia a la nueva barbarie lleva en sí el principio de una esperanza concreta y permite la reconstrucción de un porvenir. Ella convoca al mismo tiempo a la conquista del presente, a la regeneración del pasado y a la reconstrucción del futuro.

La política de civilización no reduce el pensamiento y la acción de la política. Le vuelve a dar sentido. Hay que integrar la política a la política de civilización.

 

Notas

1 Traducido y publicado por la revista "Complejidad", Año 1, Nro. 1, Sep/Nov., 1995 y cedido especialmente para el Número Especial II de Perspectivas Sistémicas ("Complejidad y Drogadependencia") - Abril 1998.

Este artículo fue publicado por primera vez en Transversales Science Culture Nº 32.

El profesor Morin es, Presidente del Consejo Científico de la consulta y debate sobre la reforma de la educación en el Ministerio de la Educación Nacional y de la Tecnología de Francia.
Presidente de la Asociación para el Pensamiento Complejo (APC).
Director emérito de Investigación del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia. Director del Instituto Internacional para el pensamiento complejo (IIPC). Vicerrectorado de Investigación y Desarrollo de la Universidad del Salvador. Argentina.
Ha publicado recientemente
La Violencia del Mundo con el profesor Jean Baudrillard, Ed. Libros del Zorzal.

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