Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

Perspectivas Sistémicas On Line

Presentación del libro
"La Masculinidad Tóxica"
de Sergio Sinay

Por Oscar Martínez

A lo largo de mi ya vasta experiencia en el ejercicio de mi condición de género como varón, y desde que tengo memoria, desde que empecé a preguntarme qué significaba ser un varón (o sea desde niño), me sentí muchas veces incómodo en el traje que la tradición cultural había confeccionado para mí y para todos aquellos que aspirásemos a ser reconocidos como hombres hechos y derechos. O me tiraba de sisa, o me quedaba corto de mangas, o largo de piernas. Temí muchas veces no poder ingresar a ese club de la masculinidad. Lo confieso ya sin pudor, pero fue la bacteria que más infectó mis tribulaciones de adolescente: que la solicitud me fuera denegada. Lo que esa herencia cultural me obligaba a asumir, era tan contradictorio a veces con lo que yo reconocía como mi propia naturaleza, que hasta pudo haberme hecho dudar de mi sexualidad. Por suerte, mi instinto pudo más que mis aflicciones de entonces, y en los encuentros con las sucesivas mujeres que me acompañaron en la vida y sobre todo, tal vez, en mi vínculo con las consecuencias más visibles de esos encuentros, que son mis cuatro hijas mujeres, pude ir redescubriendo, explorando y expandiendo mi conciencia masculina, y reconociéndome en ella, ya sin la necesidad de confirmar mi pertenencia a ningún club de hombría oficial, ni la ostentación de ningún carné con la cuota de testosterona al día. Está de más decir que ese reconocimiento y esa afirmación de mi condición esencial no lo hice solamente en el campo de mi relación con las mujeres como amantes, esposas o hijas, sino en todo los ámbitos de mi existencia. El laboral, por ejemplo, por la índole misma de mi trabajo, fue también un campo muy fértil de exploración y de expansión de mi conciencia, entre otras cosas, del universo masculino.

Pero no es de mí de lo que quiero hablar. Si lo hago al comienzo de estas breves palabras, es para hablar del libro de Sergio Sinay que presentamos hoy.

Lo que quiero decir es que no respondo cabalmente al estereotipo masculino que tan magistralmente describe y bautiza Sergio en este ensayo como "masculinidad tóxica". Esa es, seguramente, una de las razones por las que estoy aquí. La más importante de todas, supongo. Sin embargo, y aún después de estar advertido por el propio autor en su primera página, de que no se trata de un libro esperanzado, ni amable, ni condescendiente, como sigue diciendo en su capítulo inicial, su lectura me provocó no poca inquietud, y me perturbó mucho más de lo que para el modo en que me concibo a mi mismo hubiera esperado y deseado.

Es que el trabajo de Sergio es implacable no sólo en el análisis de lo nocivo que resulta el paradigma de la masculinidad tradicional para todo aquel que acepte el mandato sin cuestionar ninguno de sus preceptos, sino que prueba, de manera inapelable, las consecuencias nefastas de ese modelo en todos los planos de la vida de ese individuo: el amoroso, el familiar, el social, y hasta el político. Sergio nos demuestra que alguien que acepta ese paradigma se relaciona con el mundo desde esa trinchera, y se convierte en un propagador, en el portador y agente activo de un mal cultural cuyas consecuencias (expuestas con maestría por su autor en el libro, y con abundante e incuestionable documentación) envenenan y ponen en riesgo a la sociedad toda en la que vivimos. Pero va más allá; es implacable también -y de allí el motivo de mi turbación al leerlo- con las formas sutiles en las que el germen del mal se enmascara y persiste, aún en aquellos que, como yo, creemos habernos emancipado de él. Y no nos deja resquicio para el engaño ni la autocomplacencia.

Celebro la aparición de este libro al que considero necesario, lúcido y valiente. Felicito a Sergio también por una virtud adicional que tiene y que ya no es frecuente: está muy bien escrito. Y le agradezco haberme invitado a participar de su lanzamiento. Le auguro y le deseo al libro una larga y fructífera vida. Me comprometo a ser uno de sus difusores y propagandistas. Ojalá seamos muchos los que hagamos circular este trabajo porque como dice el propio Sergio: "estamos en un mundo que puede cambiar, que necesita cambiar, que debería cambiar, pero que no cambia".

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