Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION


Decir "te quiero", ¿un viaje de vuelta del amor?
La reivindicación de un verbo subestimado

Por Adrian José Hinojosa

Resumen:

            Las parejas suelen decirse mutuamente "te amo", sin tener en cuenta que el proceso para llegar a esa instancia fue por la sustitución del verbo "te quiero", una operación narrativa que encierra la posibilidad de ocasionar enquistamientos y lesiones a la dinámica de la pareja por la pérdida discursiva del verbo "querer", y por la inexistencia de una instancia superadora para el status "te amo", lo que produciría un entrampamiento. Se propone conceptualizar las verbalizaciones de los discursos "te quiero" y "te amo" como dos dimensiones diferentes, y no como niveles de saturación consecutivos donde uno se encuentra supeditado al otro, ya que en ese proceso escalonado se pierde la riqueza de la nutrición relacional que puede continuar aportando el verbo "querer", subestimándolo .

 

Palabras claves: verbo querer - nutrición relacional - escalada del amor – construcción discursiva

 

            Las ciencias sociales siempre se han mostrado próximas y dedicadas a la hora de estudiar los fenómenos interrelacionales en las personas y los grupos. En esta línea de trabajo hubo una exhaustiva dedicación desde el modelo sistémico para comprender y realizar investigaciones  fundamentalmente sobre la variable relacional.

            En todo lo que convoca el mundo relacional respecto al amor se seguirá el postulado de  Campo  y Linares (2002) cuando afirman respecto a la terapia de pareja que: "Si en algún fenómeno se pone de manifiesto el carácter relacional del psiquismo humano, es en el amor". Y es sobre el amor y su expresión discursiva que se centra este escrito.

            En Psicología los investigadores encontraron dificultades para hablar del "amor". Dicho término posee tal riqueza de interpretaciones y significados (matizados e influenciados por el arte, la religión y la filosofía) que han convertido al "amor" en un término utilizado bastamente en muchas disciplinas, lo cual trae aparejado el problema de tratarse de un concepto incómodo para su abordaje científico (Linares, 2012), incluso para las ciencias sociales.

            Frente a esta complejidad, los científicos han optado en reiteradas ocasiones por aplicar otros términos más amables y menos polémicos para sus escritos, tales como "apego, vincularidad, afecto, conyugalidad", por citar sólo algunos. Claro está que cada uno de ellos responde a una teoría en específico y no hablan de lo mismo, pero parecieran tratarse de modalidades indirectas que conectan con aquello que podría significar "el amor", y en todas ellas hay algo en común: el carácter relacional del psiquismo humano en el amor (Campo y Linares, 2002), que implica la idea de que la semántica al respecto es compleja, algo que se tratará en breve. 

             Dentro de las dinámicas amorosas de las parejas se seguirán las propuestas de Cárdenas y Ortiz (2005) cuando plantean tres etapas respecto a la formación de la pareja, que van desde el enamoramiento hasta el amor maduro, existiendo la etapa de crisis entre ambas instancias. Caracterizan el enamoramiento como un momento intenso, embriagador y anhelado, que va de menor a mayor en grados de intensidad. Es en ese momento de la pareja (el enamoramiento) donde se buscará resaltar un fenómeno que pareciera encontrar un modo de comprensión a través de la construcción de los discursos de los sujetos y sus modos comunicacionales.

            Watzlawick (et. al., 1967), entre los axiomas de la comunicación humana, distingue uno al que denomina "Interacción simétrica y complementaria", descritas como relaciones basadas en la igualdad o en la diferencia. Se trata de posicionamientos del sujeto respecto a su lugar frente a un interlocutor, un patrón relacional que contiene el germen del cambio progresivo. Dicho en palabras de Bateson (1958), se trata de un axioma comunicacional recurrente en las relaciones diádicas. Para el presente escrito se hará uso del concepto de simetría, en el cual los participantes tienden a igualar especialmente su conducta recíproca. Watzlawick et. al. (1967, pág. 69) escriben: "Sean debilidad o fuerza, bondad o maldad, la igualdad puede mantenerse en cualquiera de estas áreas". Es aquí donde se plantean las siguientes preguntas: ¿Es válido referirnos también al amor como una más de esas áreas? ¿Podríamos estar hablando de una "escalada del amor"? Se considera posible.

            Por un lado se ha mencionado el estado de enamoramiento gradual y por otro la tendencia a igualar el comportamiento recíprocamente entre dos interlocutores. La conjunción de ambos procesos da por resultado un fenómeno que hemos dado en llamar escalada del amor, y entenderemos por ello a la dinámica de pareja en la cual las manifestaciones amorosas tienen un carácter creciente, creando una sinergia relacional que ambas partes buscan sostener, sin tener un carácter disfuncional intrínseco.

            Se hará énfasis en las construcciones discursivas de este modo relacional, ya que así se conseguirá observar su aparición con mayor facilidad. Es prudente resaltar la posible existencia de la escalada del amor también en un nivel analógico, aunque este texto se centrará en el aspecto digital.

            Como se mencionó anteriormente, la escalada del amor no posee una connotación negativa intrínseca, aunque encierra una potencial problemática en la que puede desembocar. Las relaciones amorosas pueden comprenderse como complejas y circulares, aunque pareciera que no reciben el mismo tratamiento desde los discursos de la pareja. Aquí se esboza una nueva pregunta: Si el amor posee un carácter complejo-circular ¿Por qué en la construcción discursiva se hacen simplificaciones lineales? Siguiendo a Watzlawick (1979), podría entenderse como un tejido ilusorio que no nos permite ver y vivir la vida tal cual es.

            La escalada del amor puede ser problemática cuando, a su carácter creciente y sinérgico, se le otorga una construcción discursiva lineal y simplista, con una sola direccionalidad expresando el amor como un camino de ida, donde se van superando etapas de menor a mayor.

            La metáfora del camino puede verse expresada en la praxis relacional si se observan los niveles discursivos de los enamorados, que parecieran responder a diferentes grados de intensidad, a saber: decir te quiero y decir te amo.

En lo que respecta al plano discursivo, la sinergia de la escalada lleva a la necesidad de evocar expresiones cada vez más intensas, es decir, cambiar el discurso por insuficiencia expresiva como una superación de etapas. En este caso, decir "te quiero" puede resultar escueto para la continuidad de la escalada, lo que llevaría la trama relacional al "siguiente nivel" y pronunciar "te amo".  De aquí surge una nueva pregunta: ¿Qué hay después de enunciar "te amo"?, ¿Cual es el siguiente nivel narrativo? Los recursos discursivos actuales parecen no haber encontrado una armónica conjugación de letras y fonemas que permita continuar con la escalada simétrica que instaure un nuevo nivel.

            Si el mundo como se lo conoce es el resultante de las construcciones sintáctico semánticas que realizan las personas, entonces el "te amo" podría ser una de las fronteras de la narrativa, lo que tiene consecuencias directas en el modo en que se construye el universo personal (Watzlawick y Ceberio, 1998). En la lógica de la superación de niveles, pareciera que decir "te amo" es el estadio final que se consigue luego de atravesar la escalada del "te quiero", una suerte de principio de sumatividad, algo que es perpendicularmente opuesto a lo propuesto por Von Bertalanffy (1968) cuando indica que el principio de no sumatividad es característica imperante de los sistemas abiertos.

            Decir "Te Amo" en una pareja resulta algo más que la expresión de un estado emocional, pareciera tratarse también de un momento culminante, lleno de expectativas y sobre todo de especulaciones respecto al receptor de estas palabras, lo que Cyrulnik (2005) señala como los gestos y palabras que marcan un acontecimiento que permite realizar una construcción del tiempo pasado y del tiempo por venir, es decir, los sucesos extraordinarios en palabras de White (1980; 1990)

Se instaura un nuevo status en la pareja, uno final en el que "una vuelta atrás" podría ser interpretada como una disminución de este sentir, y por lo tanto una ofensa a la pareja. De existir una vuelta hacia atrás (del "te amo"), la lógica indica que uno debiera devolverse a un "te quiero". Ya que este fue el camino de ida, es coherente que también sea el de vuelta, con el fin de responder a la lógica lineal que propone una escalada del amor con un tratamiento simplista. Pero recordemos que desde el modelo sistémico relacional se promueve la circularidad como instancia superadora de mayor complejidad. (Figura 1)

Una pareja que llega al status que implica decirse "Te Amo", ha alcanzado el estadio último narrativamente hablando y constructivamente dimensionando. ¿Esto podría entenderse como una dificultad que atenta contra la dinámica de la pareja? ¿O al menos que la lesiona? Es decir, si el camino hacia atrás  ("te quiero") podría resultar ofensivo y ser una señal de amenaza a la pareja, por no respetar la lógica de la simetría, y a su vez hay limitaciones para continuar con la escalada romántica (¿decir "te adoro?") entonces se podría pensar en una cristalización, y en el peor de los casos, una rigidificación discursiva para la pareja que tendrá implicancias prácticas, puesto que no habría cómo continuar el camino de la escalada.

Como último punto, encontramos en las praxis cotidianas una clara muestra de la existencia de esta linealidad que se ha intentado expresar aquí. En el paso del nivel del "te quiero" al nivel del "te amo" se realiza una abolición casi completa del primer nivel, pues la lógica de superación por saturación lleva el mensaje implícito de que una vez alcanzado el estrato superior, el escalón menor resulta innecesario, por los motivos antes expuestos, a saber:

 

            Aquí se remarca el potencial peligro que esto podría tener para las parejas, debido a que se ocasionaría un entrampamiento. El camino hacia atrás puede ser vivido como una amenaza, y el camino hacia adelante se ve truncado, ya que no se cuenta con recursos narrativos para continuar la escalada y conseguir un nivel superior al "te amo". 

            En el afán por el sostenimiento de la escalada se ha producido una operación narrativa en la que se deja en el pasado el uso del verbo "querer", y en este punto se centra esta exposición; en remarcar la abolición y subestimación en que cae el nivel del "querer".

El verbo "querer" permite el paso a una notable expresión de afecto que resulta emocionante para la pareja y totalmente válida de enunciación, además de que puede resultar ventajoso para el romanticismo. Aquí se puede solicitar la presencia de la propuesta paloaltina de la metacomunicación (Jackson et. al., 1968) para otorgarle mayor dinámica a este nivel, pues puede aplicarse una amplia gama de elementos que permitan una mayor proliferación y digitalización de los mensajes, por ejemplo:

            Dicho así, los enunciados cobran otra dinámica y permiten comunicar sobre lo que estamos hablando, es decir metacomunicar, lo que puede otorgar mayor comprensión y que se produzcan efectos empáticos y esclarecedores más profundos para los interlocutores, pues el nivel del querer tiene un vasto campo comunicacional que puede explotarse, incluso habiendose llegado al nivel del "amar" en la escalada.

            La propuesta de este escrito es dejar de considerar los "te amo" como un status conseguido luego de una acumulación de los "te quiero", puesto que en esa operación se pierden recursos comunicacionales. Se postula que no se trata de dos niveles escalonados linealmente donde la saturación del primer nivel abre paso al segundo, sino de dos dimensiones relacionales diferentes, en la que una no debe dejar de existir para dar vida a la otra, sino promover una convivencia armoniosa entre ambas. (Figura 2)

Figura 2

Es decir, una pareja que consigue la suficiente confianza y emocionalidad para enunciarse mutuamente "te amo" no debería renunciar lineal y directamente a decirse "te quiero", puesto que este último no debería suponerse como encapsulado en el estrato inferior, siendo un verbo que expresa una dinámica compleja capaz de otorgar mayor especificidad y aportes metacomunicacionales que podrían resultarles útiles, y en instancias terapéuticas, podría convertirse incluso en necesarios.

            No se busca promover una antipatía hacia los dichos del romanticismo ni menguar la efervescencia del amor, como tampoco se busca atentar contra las construcciones de las narraciones del "te amo", sino todo lo contrario. En aras de la nutrición relacional (Linares, 2012), la intención es rectificar el papel fundamental del verbo "querer" para las relaciones, promoverlo como un estado diferente al amor (sí en íntima relación), y no como el escalón menor para llegar a aquel.

            Así mismo el verbo querer encierra un vasto mundo de dinámicas, aclaraciones y prolíficas vías comunicacionales, que podrían resultar útiles para aplicar en terapia de pareja, donde declararse amor ha sido un acto humano noble, pero que ha procurado algunas veces encasillar las relaciones, por los motivos anteriormente expuestos.

            Es así como queremos realzar y reivindicar un verbo subestimado y muchas veces abandonado, resaltando que hemos dicho "queremos realzar", con todo lo que ello implica.

 

 

(*) Publicado en la Revista Mosaico, revista de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar, nº 61 Julio 2015

(**) El Dr. en Psicología A. Hinojosa es coordinador de estudios en el Centro de Formación Jakasiña de San Salvador , Jujuy. Docente en la universidad Católica de Jujuy. Coordinador Diplomado de ESA (Escuela Sistémica Argentina).

 

BIBLIOGRAFIA:

 

 

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