Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

El destino de las parejas
Avatares y metamorfósis de la pasión

por Philippe Caillé

Publicado en el número 80

Fragmento (*)

«We are such stuff as dreams are made on»
(
Shakespeare, The Tempest)

Quisiera hablarles hoy de un aspecto del fenómeno llamado pareja que me ha intrigado desde hace tiempo. Se trata en cierto modo del aspecto energético de dicho fenómeno. Si tenemos en cuenta que la pareja, y ahora más que nunca en esta cultura que es la nuestra, es una construcción autónoma, una invención original de los dos componentes, ¿de dónde proviene la fuerza de convicción, la evidencia de identidad que le permite continuar a pesar de los conflictos y las desilusiones inherentes sin duda a toda relación con ánimo de durar?

La vía más fácil para intentar eludir el problema me parece que es introducir el factor energético de la pareja en la sexualidad. Es innegable que desempeña un papel en la pareja. Sin embargo, la sexualidad, al menos en el ámbito del mundo occidental, puede encontrar con facilidad un chivo expiatorio en relaciones que no son de pareja, relaciones que quieren precisamente estar basadas sólo en una satisfacción sexual recíproca y rechazan el proyecto de crear una pareja responsable. De modo que parece totalmente artificioso considerar la sexualidad por sí misma como el factor dinámico suficiente para explicar la permanencia en el tiempo del fenómeno del que estamos hablando.

Más bien me parece que la sexualidad es en la pareja un factor importante en la medida en que precisamente no se considera suficiente, pero adquiere valor al fundamentar, confirmar, hacer más convincente otra categoría de experiencias.

Experiencias que se mueven en un plano más psicológico que físico, más afectivo que instintivo: el de las emociones. La energía que mantiene a la pareja tendría entonces su origen en el aumento de identidad, en el refuerzo del yo que su propia invención aportaría a sus inventores, sus creadores.

En cierto modo me vuelvo más fuerte, me siento más real, porque una dimensión cognitiva abundante ha venido a añadirse a las dimensiones cognitivas que poseía anteriormente. Una sexualidad feliz hará entonces más evidente, más eficaz esta nueva dimensión. No puede ponerse en su lugar. Su ausencia no puede suprimirla.

El común de los mortales, al igual que los novelistas, poetas y autores de canciones famosas, considera que el origen de este aumento de identidad, que hace que los implicados crean en la existencia de la pareja en diferentes acepciones, es el amor, la pasión, el encantamiento. Palabras que parecen indispensables en el lenguaje, ya que evocan un fenómeno de enorme importancia, tanto por su frecuencia - ¿quién no ha apostado alguna vez por una pareja? – como por su importancia - ¿cuántos acontecimientos desde los más felices a los más penosos son consecuencia directa de una experiencia de este tipo? Estos términos tan habituales en el lenguaje común, sólo aparecen excepcionalmente, o se emplean con una reserva condescendiente, en el lenguaje de los interventores sociales, con independencia de su categoría.

Si este aspecto de aumento de identidad tiene una posición central en la autenticidad de la pareja, si representa la energía que permite seguir y sobrevivir a una pareja, ¿por qué condenar en nuestro lenguaje de interventores los términos que lo representan? ¿Por qué excluirlos de nuestros textos, tan precisos en otros aspectos de la pareja como la elección inconsciente del otro, la comunicación, el ciclo de vida, el contrato?

Tal vez tenga que ver con la idea heredada de que el «sentimiento no es razón», tan opuesta, sin embargo, a la experiencia diaria que nos demuestra que precisamente el sentimiento nos hace actuar y que sólo más tarde encontramos una explicación razonable a lo que hemos hecho.

Trataremos pues en este artículo de comprender, por una parte, que el amor, la pasión son factores energéticos indiscutibles en la continuidad de los sistemas humanos y, en especial, en la de la pareja, por su efecto en la representación que nos hacemos del mundo y, por otra, por qué es difícil situar estos términos en nuestras teorías.

Ver el mundo es en gran medida un acto afectivo...(Continua)

( El artículo completo se encuentra en el nº 80 de Perspectivas Sistémicas –" Parejas: la Pasión y la Clínica"- en venta en kioscos y librerías especializadas de Capital Federal y por suscripción en el interior y en el exterior del país.)

Bibliografía

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Este artículo fue publicado en la revista REDES Nº 10 diciembre 2002

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