Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

Artículos "on line"

Reflexiones acerca del matrimonio y la infidelidad
El gen generoso: lo que natura da y la cultura resta

Luis María Aller Atucha

 

A los pocos días nos encontramos y lógicamente terminamos en un hotel. Esa noche volví a casa lleno de culpa, me costó besar a mi mujer y mucho más a mi hijita, pero ésta se me fue pasando cuando al comentar con mis compañeros de tra-bajo lo que me había pasado me alen-taron a se-guir adelante y a no per-der una oportuni-dad así. Alguno de ellos conocían a Josefina y podían valo-rarla sin que yo exagerara. En esas confesiones llenas de culpa me ente-ré que no era el único que le estaba siendo infiel a su mujer. Eramos más de lo que pensaba y dicen que mal de muchos...
Ahora estoy acostumbrado, porque después de Josefina siguieron varias más, casi diría que aunque no las busco, no dejo pasar oportunidad; después de 21 años de casado dudo que alguien no se haya tirado su "cana al aire". Hasta creo que es saludable.
Relato de Pablo,
47 años, empleado, casado con tres hijos.

Que el amor sea eterno mientras dure1

Mientras los científicos e investigadores no terminan de ponerse de acuerdo acerca de los motivos por los cuales los seres humanos no son absolutamente monógamos, como sería el ideal y los deseos de la gran mayoría cuando se les pregunta por el estilo que les gustaría llevar en su vida matrimonial, deseo que es apoyado y pregonado por las enseñanzas de las principales religiones occidenta-les, la población va asumiendo, en forma natural, la infidelidad, engaño o aventura para-matrimonial, como algo que pasó a formar parte de nuestra cultura.

Las enseñazas de las religiones católicas y protestantes, muy conservadoras en cuanto a cuestiones sexuales, han tenido una fuerte influencia es ese ideal colectivo de monogamia, que viene acompañado, por lo general, por una erotofobia explicita o implícita. Sin embargo, las religiones de las culturas superiores del Extremo Oriente mantienen, en general, una actitud positiva hacia la sexualidad, donde la práctica sexual es vista como algo deseable y no existe en ellas un concepto similar al del pecado original, que está asentado no solamente en la desobediencia al dios, sino en haber sucumbido al deseo carnal. A pesar de ello, en la actualidad el hecho de tener un o una "amante" no descalifica a nadie. Ni al varón ni a la mujer. Está dentro de las posibilidades humanas y de los comportamientos esperados. El no tenerlo puede llegar a consti-tuir en un caso raro en algunos círculos sociales, sobre todo de la elite económica e intelectualmente privilegiada.

Aunque que no nos terminan de convencer y dudamos de las estadísti-cas que describen los comportamientos sexuales de la población, de todas maneras sirven para confirmar observaciones y determinar tendencias. En las investigaciones realizadas por Kinsey en los Estados Unidos en los años '50, éste encontró que el 45% de los varones y el 25% de las mujeres decían haber tenido relaciones sexuales paralelas a las de la pareja matrimonial. Alrededor de cuarenta años después, a fines de los '70, Shere Hite 2, en el mismo país, demostró que esta cifra había "trepado" a 75 y 70% respecti-vamente, siendo mucho más significati-vo el aumento producido en el grupo femenino (casi 200%) que en el masculino (50%).

Según algunos autores 3, un número significativo de las personas opinan que la mayor felicidad se obtiene en el seno de la pareja estable, dado que es ese el medio más idóneo para el desarrollo de la comunicación profunda, se favorece el apoyo para la realización mutua y se mantienen relaciones sexuales con más confianza.

Que las relaciones sexuales sean, al parecer mejores, sería debido a las siguientes variables:

El mayor conocimiento entre los dos

Los sentimientos contradictorios y negativos que produce la infidelidad (culpa y temor a que se descubra)

El encuentro sexual con una pareja ocasional que pone a prueba la propia capacidad de erotismo y funcionamiento sexual.

Esto también puede estar condicionado por el grado de erotofilia y erotofobia, que son los dos extremos de un continuo en el que se podrían ubicar todas las personas según el grado de evolución, sentimientos y actuación hacia el sexo. Los erotofílicos reaccionan de forma más positiva hacia los estímulos y pensamientos sexuales, aceptándolos con mayor facilidad. Se masturban con mayor frecuencia y tendrán más experiencias sexuales. En general puede decirse que su actividad sexual es más placentera y que en ellos son menos frecuentes las disfunciones sexuales. Por el contrario, los erotofóbicos reaccionan más negativamente y con más miedo y ansiedad a los estímulos y creencias sexuales. Es más probable que sufran problemas sexuales, presenten menos fantasías eróticas y que su actividad sexual sea menos frecuente y su comportamiento más problemático 4.

Si bien la fidelidad parecería ser una necesidad indiscutible cuando se vive en pareja, y así opinan el 70% e las mujeres y el 60% de los varones, sea cual fuera el grado de acercamiento a las manifestaciones y actividades sexuales, a la hora de la verdad, al final de su vida en común, el 25% de las mujeres y el 42% de los varones europeos reconocerán haber mantenido relaciones sexuales paralelas al matrimonio 5, cifras que se aumentan ligeramente en ambos sexos en Francia. Aunque estas cifras no nos conforman por el necesario "equilibrio coital" 6 que indica que por cada varón infiel debería haber una mujer infiel, nos van acercando a la verdad. La experiencia cotidiana indica que, por lo general, el varón tiende a aumentar el relato de sus encuentros sexuales fuera del matrimonio y las mujeres a disminuirlos. Tal vez, con esta corrección estadística nos acerquemos a un mundo más real en el cual la mitad de la población no respeta, en la práctica, lo que tiene incorporado en el discurso.

Intentaremos analizar alguna de las teorías y explicaciones. La modernidad y el avance logrado por las mujeres en la sociedad, a aportado condicionantes y "facilitadores", culturales, sociales y económicos por lo cual este comportamien-to humano, antiguamen-te apro-ba-do sólo para el varón, se está haciendo "popular" y aceptado en forma igualita-ria.

Nunca, históricamente, fue tan complicado mantener una relación de pareja estable, porque en la actualidad las exigencias son enormes. Ya no se trata de que el varón sea el proveedor, ni que ahora cuide de los hijos o que pase más tiempo en la casa, logro de las reivindicaciones del feminismo, sino que se le pide que sirva de igual y compañero, que pueda mantener relaciones sexuales esplendorosas, que pueda mantener un contacto fluido y que además, sea presentable ante los demás. Por su parte no basta para la mujer ser una buena "reproductora" y correcta madre, sino que se le exigirá que además de compañera e igual, aporte dinero a la casa sin descuidar las tareas que tradicionalmente se les asignaba (y se le siguen asignando, a pesar del cambio de discurso de los varones supuestamente progresistas), que sea una erótica compañera de cama y que no sólo sea presentable ante los demás, sino que asuma, en muchos casos, la representación del varón en el mundo de los negocios y de las relaciones sociales7.

Desde una perspectiva de género, la mirada sobre el mundo de varones y mujeres será diferente, como también lo será la lectura de los hechos, acontecimientos y juicios que se abran sobre las actitudes y acciones de las personas. La perspectiva de género femenino ha sufrido un cambio radical en los últimos cincuenta años, obligando al varón a modificar la suya. En este sentido, tanto varones como mujeres, debemos hacer un reconocimiento a Simone de Beauvoir por su tratado "El segundo género", que llamó la atención, a mediados del siglo pasado, sobre la importancia que la mujer estaba cobrando para la humanidad. Precursora de muchas de las conquistas que la mujer tuvo a partir de la prédica de las feministas, Beauvoir lo fue también de la legitimidad de mantener relaciones sexuales paralelas al matrimonio o con personas de su mismo sexo 8, siendo ella una defensora del matrimonio abierto, situación que mantuvo durante varias décadas con Jean Paul Sartre 9.

Una sociedad patriarcal, autoritaria y androcéntrica que relegó a la mujer al mundo del adentro y que reservó el mundo del afuera para el varón, donde nada le era prohibido o vedado, como el mantener relaciones paralelas al matrimonio, mira con asombro que esos mismos derechos sean reclamados y ejercidos por las mujeres. Fue el "género mujer", al decir de Leonor Calvera10, el que rompió y modificó "la sujeción a un esquema reproductivo "sexo=hijos", que le impedía a la mujer el pleno desarrollo de sus sentidos y de sus posibilidades placenteras hedónicas. Y como todo lo personal es político, y la sexualidad es lo más personal, liberar este núcleo es por ende generar un principio de liberación de la persona humana en general". En el marco de esta nueva relación democrática y de equidad de género, la imposibilidad de obtener la satisfacción total esperada (y soñada) dentro de la pareja matrimonial, ha llevado a varones y mujeres a explorar la posibilidad de encontrarla afuera de la casa, en las relaciones paralelas.

A estas relaciones se las he denominado de diferentes maneras, infidelidad, engaño, aventura, sacar la vuelta, cana al aire, poner cuernos. Todas las denominaciones empleadas son castigadoras y peyorativas. Tal vez la que lo sea menos y pueda describir este tipo de encuen-tros, sea la palabra AVENTURA, que designa a algo "eventual", de poca duración, pero de todas maneras esta definición estaría dejando afuera las relaciones paralelas que no son "eventuales", casuales o pasajeras, sino que son permanentes y que se "instalan" al costado de las relaciones oficiales, llegando a oficializarse, muchas veces en los mismos ambientes donde son oficiales las otras.

¿Cuáles son las causas que llevan a una mujer o a un varón a buscar otra relación? ¿Será que el amor es tan efímero como una llama, como dice Vinicius de Moraes, proponiendo que sea eterno mientras dure y cuando éste se apague se deba salir a buscar otro? ¿O es que acaso el ser humano es polígamo por naturaleza? ¿Quiénes están más dispues-tos y propensos a buscar una relación paralela, el varón o la mujer? ¿Es esto algo biológico o cultural? Nos podríamos hacer muchas preguntas y aún haciéndolas y contestándolas no estaremos seguros de haber agotado la curiosidad científica y profana que rodea el tema, ni haber encontrado una respuesta valedera.

 

La verdadera fórmula cromosómica: XX+i y XY+i. Una teoría de la psicología evolutiva

Todo está en nuestros genes. La responsable por el color de mis ojos y mis cabellos, por la textura de mi piel, por mí estatura y por las enfermedades que me acompañan desde antes de mí nacimiento y tal vez determinen mí muerte, es la información almacenada en mí cadena de ADN, que me transmitieron mis padres, y a ellos los suyos, y a los suyos mis remotos ancestros, dentro de los genes. Mi herencia genética determinó el color de mi piel y si mis padres no fueron negros, por más que nazca en el medio del Africa, dentro de una cultura y psicología negra, mi piel seguirá siendo blanca, así piense, sienta, desee y actúe como un auténtico negro del país o de la tribu donde crecí, me socialicé y me eduqué.

De la misma manera no podrá contradecir a sus genes, a su herencia genética, quien siendo de raza amarilla y de ojos rasgados, hijos de chinos o coreanos por ejemplo, se desarrolle en una cultura blanca y occidental, como la nuestra. Podrá sentir, pensar y actuar como el más argentino de los argentinos, ser hincha de Boca o River, creer que como Gardel no canta ni cantó nadie, sostener que no se puede vivir sin el asado y el dulce de leche y hasta considerar que si no somos campeones mundiales de fútbol es porque hubo una conspiración internacional y todos están en contra nuestro. Podrá hacer todo esto y llegar a viejo haciéndo-lo pero no cambiará ni el color de su piel ni la conformación de sus ojos. Sus genes son responsables de ello y hasta ahora, parecería que no les gusta aceptar interferencias.

También nuestros genes comandarán muchas de nuestras reacciones y formas de actuar. Ellos hacen en nosotros y por nosotros, muchas más cosas que las que podríamos imaginar. Nacemos genéticamente programados para tener un instinto de conservación y supervivencia por lo que reaccionamos al peligro; somos genéticamente seres sociales, de manera tal que no podremos desarrollarnos fuera de un grupo social de pertenencia; venimos pre-programados para comunicarnos a través del habla y completare-mos esta programación con un lenguaje determinado que adquiriremos según el grupo social donde crecimos. Amaremos y buscaremos ser amados para poder acoplarnos sexualmente y de esta manera perpetuar la especie y, cuando tengamos descenden-cia, la cuidaremos y alimentaremos hasta que pueda valerse por sí misma, ya que según los estudios realizados por Richards Dawnkins, expuestos en su libro "El gen egoísta", más allá de las repuestas metafísicas a la pregunta de por qué hay vida en la tierra, elabora la teoría que el fin último de los seres vivos -el que daría sentido a su existencia- es el traspaso de los genes para garanti-zar la supervivencia de la especie, ya que en los genes está la configuración de lo que es un ser humano vivo.

Por lo tanto, todo el mecanismo cada vez más complejo en la pirámide de los seres vivos, para salvaguardar los genes, desde el molusco que dispone de un sistema nervioso organizado, que le hace sentir hambre y lo dispone a sobrevivir, hasta el mamífero, que cuenta con órganos que le permite cuidar y alimentar a sus crías, está preparado para perpetuar las especies. En consecuencia, aún el instinto de supervivencia apunta a la transmisión de los genes. Desde esa óptica, según la cual el proceso de selección natural es el que configura la mente, los seres humanos están programados para enamorarse, si entendemos este "enamorarse" como una estrategia de la naturale-za para preservar la especie. Según las teorías expuestas por Robert Wright en su libro "El Animal Moral"11 este amor, que podríamos llamar "utilitario", la natura-le-za no lo hizo para perdurar, sino que egoístamente lo puso en los humanos para que estos procrearan.

La psicología evolutiva, en la que Wright basa sus teorías, parte de la premisa de que la mente humana, como cualquier otro órgano, fue diseñada con el propósito de transmitir genes para la próxima generación. Esta ley elemental, que garantice la continuidad de la vida en la tierra, podría también influenciar el comportamiento de los seres vivos. Comer, respirar, trabajar, mantener relaciones sexuales, todo lo que una persona hace, tiene como objetivo principal dar continua-ción a la cadena genética. De ser así, es lógico deducir que sentimientos como el amor (muy difícil de definir) la atracción sexual (de la que sabemos qué le sucede a nuestras terminaciones neuronales, a nuestro cerebro y a nuestras glándulas cuando las bañan las endorfinas, pero que no sabemos mucho más), los celos (vinculados más a la propiedad que al amor), la vanidad, la búsqueda de dinero, el poder y el éxito, podrían también estar subordinados a la preservación de los genes. Según esta teoría, así como el hambre y el estómago continúan en el cuerpo hasta el día de hoy porque en el pasado fue necesario que nuestros ancestros se alimentaran para cuidar a sus crías, los órganos genitales y el deseo sexual están allí porque ayudan a la procreación.

Por el contrario, podemos sostener que la naturaleza puso la sexuali-dad en los seres humanos para el placer y no para la reproduc-ción ya que podría haber diseñado otro sistema de transmisión de genes. De ser correcta la teoría de la psicología evolucio-nista, la naturaleza ha sido sumamente amable y condescendien-te con el ser humano, o todavía no se ha ajustado a las condiciones actuales de vida en la tierra, ya que teniendo que reprodu-cirse muy pocas veces en la vida, y las mujeres solamente hasta una edad determinada, lo ha dotado con una programa-ción más que generosa para el goce sexual repetitivo y cambiante que perdurará mucho más allá de las necesidades biológicas de perpetuación de la especie. Además, es indiscutible que programó al ser humano para que pudiera amar y reproducirse muchas veces, de lo contrario, lo hubiese programado al macho de la especie humana, al igual que el zángano de una colmena, para que después de copular y transmitir sus genes muriera, como sucede también con algunas especies de arañas y escorpiones.

Por el contrario, genética y biológicamente el ser humano está programado para el goce variado y prolongado. Los estudios de la química sexual demuestran que la "química de la pasión y el deseo" se agota alrededor de los cuatro años cuando el objeto de deseo es una misma persona, pero que puede renovarse repetidamente cuando el objeto del deseo es cambiante. A esta observación biológica, Helen Fisher la corrobora con sus hallazgos de que la gran mayoría de las culturas por ella estudia-da, el "pico" de la media de divorcios se produce a los 4 años de casados, llegando a 7 años en el caso de que la pareja haya tenido descendencia después de 4 años de estar juntos.

Sostiene Andrés Flores Colombino12, que de las 195 sociedades poligámicas estudiadas por Murdock, sólo tres de éstas eran poliándricas (mujeres con varios maridos), dos cuasi poliándri-cas y una con matrimonio grupal, lo que parecería demostrar que estando el varón y las mujeres en igualdad de condiciones para tener más de un compañero sexual, el varón está mucho más inclinado a tener una segunda o tercera compañera para conformar su propio harem.

Al analizar lo expuesto, podemos afirmar que estadísti-ca-mente la poligamia entre los seres humano siempre fue más común que la monogamia, dependiendo en diversas culturas, el número de mujeres que podía tener un varón, al estatus social del mismo, fenómeno que se observa en nuestros días, aunque no en forma "abierta y oficial", ya que para poder tener más de una mujer, el varón debe poseer los medios para hacerlo, dado que, al parecer, tanto biológica como culturalmente, está preparado para ello.

La explicación de este comportamiento sexual en varones y mujeres, estaría sustentada en una ley natural según la cual los machos y las hembras de todas las especies, inclusive la especie humana, tienen estrategias genéticas diferentes para garantizar el equilibrio y la evolución de la especie. La estrategia genética de las hembras consiste en encontrar compañeros robustos, hábiles e inteligentes, para que esas características se transmitan genéticamente a su descendencia. En el caso de las sociedades humanas, el criterio incluye también que los escogidos como compañeros puedan protegerla a ella y a sus hijos, alimentarlos y educarlos. Para la mujer parecería que es más importante la calidad del compañero que elija que el placer sexual que éste le pueda proporcionar.

Finalicemos "poniéndole un telón al corazón"13

No dudamos que si preguntáramos en una encuesta sobre el ideal del amor y la vida de pareja tendríamos una respuesta unánime de apoyo a que el amor debe ser eterno y que la fidelidad es el estado ideal a alcanzar. El "discurso" de los entrevistados estará de acuerdo con la cultura oficial y con los mandatos del SEXO OFICIAL, donde la "monogamia" es uno de los postulados básicos. Adelantamos como hipótesis, sin poder probarla, que la mayoría de los que se unen en matrimonio lo hacen con el firme propósito, y el convencimiento de la posibilidad, de ser fieles y monógamos. De la misma manera que el que se casa no lo hace para divorciarse más adelante, tampoco se casa para ser infiel más adelante; pero la realidad nos muestra que esto no es así.

Primero los varones, alrededor de los 4 o 5 años de casados (en muchos casos puede ser antes) y la mujer un poco después, o con seguridad cuando llegue alrededor de los 40 años, romperán esa promesa que se hicieron a ellos mismos y al otro, y tendrán "aventuras", "engaños", "canas al aire": serán adúlteros, según los duros términos legales de la cultura oficial, o alamutras, según una generosa propuesta de compresión de la situación general. Vinicius de Moraes en la búsqueda de una fórmula conciliadora del ideal propone que "el amor sea eterno mientras dure", lo que implica que cuando éste se acabe, estemos dispuestos a salir a la búsqueda de otro. Esto ha sido ya aceptado e incorporado por la sociedad, quien lo ha oficializado a través de las monogamias secuenciales.

Pero no acaba aquí. El antes oculto mundo de los amantes ha salido a la luz del día y salvo el que podría ser la "víctima"14, todos los demás están de acuerdo y lo empiezan a aceptar como "natural". Las relaciones paralelas al matrimonio son reconocidas, aceptadas y si bien no están aún permitidas, no descalifican a quien las practica. Nadie es relegado de la sociedad por hacerlo, ni se queda sin trabajo, sin familia o sin amigos. Los varones conocieron y tuvieron el permiso de ampliar su mundo sexual y afectivo hace mucho tiempo. Las mujeres lo han logrado hace poco. El movimiento de liberación femenina, las luchas feminis-tas, las discusiones por la equidad de género y la igualdad lograda entre varones y mujeres, ha hecho que la práctica de mantener relaciones sexuales paralelas al matrimonio se haya generalizado para ambos sexos. Y ya nadie se escandaliza. Al menos honestamente.

Nos preguntamos entonces el por qué de estos comportamientos humanos e intentamos aproximar respuestas desde la psicología evolucionista y la bio-filo-gené-tica, apoyada por ejemplos antropológicos e históricos. Aprendimos entonces que la psicología evolutiva nos demuestra que el ser humano es un ser polígamo por naturaleza, genéticamente predispuesto para tener más de un compañero sexual. Tanto varones como mujeres llevamos en nuestros genes el mandato de perpetuar la especie y para ello, el de buscar compañero sexual con quien acoplarnos. La naturaleza no nos puso restricciones para hacerlo, por el contrario, nos preparó para ello. La cultura las puso, pero se hizo trampas a sí misma, rechazando y alentando, prohibien-do y permitiendo al mismo tiempo. La antropología nos demostró que el modo de formar matrimonio y pareja impuesto por la cultura occidental y cristiana no es el único en el planeta. Ni tal vez sea el mejor. Hay otros modos y otras maneras de vivir en pareja y en comunidad, de procrear y cuidar a los hijos. Todas ellas válidas y posibles. Esto nos permite concluir que si genéticamente venimos programados para tener más de un compañero sexual, culturalmente también lo estamos. Sólo que la cultura represiva que nos toca vivir recorta y prohíbe esa posibilidad.

Frente a estos hechos, analizamos una propuesta basada en la observación de lo cotidiano y mediante el subterfugio académico de cambiar el nombre de "infidelidad", peyorativo y castigador, por uno que no tuviera connotaciones negativas, vimos que era posible acercarnos al tema sin tanto problema y con posibilidad de aprender a convivir con esta realidad. Nos queda una conclusión: somos seres predispuestos al amor-pasión, al romanticismo y al goce del placer sexual. Por siglos la cultura represora, la cultura anti-placer, nos negó la posibilidad de explotar al máximo nuestras posibilidades amatorias. Al menos se la negó a la mujer y se las permitió a los varones, siempre que éstos fueran personas de éxito y poder. Hoy sabemos que la genética, la psicología evolutiva y la antropo-logía nos sirven de base para que podamos asumir con responsabili-dad y convicción, esta práctica humana, que se ha venido practicando a escondida y con vergüenza a través de los tiempos.

Está llegando el tiempo del sincera-miento. Para bien y placer de las generaciones futuras.

Extractos del Capítulo 5 "Lo que natura da y la cultura resta" del libro "Nosotros los infieles: el matrimonio y sus permisos en el siglo XXI" - MPS editora

Notas

 1 Frase de una canción de Vinicius de Moraes.

2 Shere Hite, "Sinceridad sexual", Ediciones Martín Roca, Bogotá, Colombia 1979

3 Enciclopedia de la Sexualidad – Editorial Océano S.A, Barcelona, España 1992.

4 Enciclopedia de la Sexualidad – Océano - Tomo 4, capítulo "Movimiento continuo".

5 Datos aportados por la Enciclopedia de la Sexualidad de Océano, en el capítulo Infidelidad.

6 La teoría del "equilibrio coital" la describimos con Marcio Ruiz Schiavo en el libro "Sexualmente Irreverentes". Sostenemos que habiendo estadísticamente cantidades similares de varones y mujeres, y suponiendo que todos tuvieran una pareja sexual, si algún varón o alguna mujer tuviera más de una pareja, necesariamente debería producirse una de estas dos alternativas: o una tercera persona quedaría sin compañero sexual, o habría un o una "infiel" del otro sexo para mantener el equilibrio.

7No sólo las "Primeras Damas" esposas de los Presidentes deben hacerlo, en las clases medias y altas de casi todos los países capitalistas occidentales, es norma que las esposas de los altos funcionarios o ejecutivos de empresas puedan servir de nexo y representación de sus maridos y se comporten como perfectas anfitrionas en las fiestas y reuniones que promueven sus esposos.

8 Así lo relata en sus libros "Los mandarines", "Memorias de una joven formal" , "La plenitud de la vida""y "La fuerza de las cosas", libros aparecidos entre los años 1950 y 1970 que tiene su epílogo en "Final de cuentas", publicado por Editorial Sudamericana, Buenos Aires, en 1972.

9 El mismo Sastre relató ésta y otras relaciones abiertas en su trilogía "Los caminos de la libertad" integrada por los tomos "La edad de la razón", "El aplazamiento" y "La muerte en el alma" (Editorial Lozada, Buenos Aires 1948), adelantándose en muchos años con la propuesta de un comportamiento sexual basado en la libertad. Este tipo de comportamiento sexual fue más adelante base del existencialismo y el hippismo.

10 Leonor Calvera, escritora argentina, militante feminista. Su libro "El género mujer", fue recibido con beneplácito en el año 1982.

 11 "The Moral Animal: Evolucionary Psychology and Everyday Life" de Robert Wright, publicado por Pantheon Editors, Estados Unidos.

12"Sexología del matrimonio" de Andrés Flores Colombino, Colección Cuadernos de Sexología, Editorial DISMAR, cuarta edición, Montevideo 1989.

 13 Estrofa del tango "La última curda".

14Entendemos por "víctima" el miembro de la pareja que es "traicionado". Hablaremos de esto en el próximo Capítulo.

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